El dólar después de coronacrash

Economía

Es difícil proyectar en medio de la sorpresa del coronavirus. Pero hay que intentarlo para darle algo de racionalidad a esta película de alta ciencia ficción que han desencadenado los gobiernos.

Es difícil escribir de economía -lo que nos da vida desde que es en el mercado donde producimos e intercambiamos alimentos, salud, educación, etc.- cuando no funciona. Por cierto, en lo que va de 2020, según la ONU han muerto unos 136.000 niños menores de 5 años por desnutrición, y la situación se agrava por el parate global. Y más difícil es proyectar cuando el mundo nos ha sorprendido, mucho más allá de lo imaginable dentro de la ciencia ficción más audaz, con medidas coactivas que han paralizado la vida. Impresiona ver que la humanidad cada vez cree más en la violencia, que no haya comprendido que -como lo habían descrito los filósofos griegos- es contraria al desarrollo del cosmos, lo viola, lo contradice.

La violencia, precisamente, se define como aquella fuerza extrínseca -al cosmos- que pretende desviar su desarrollo natural y espontáneo, como cuando un ladrón nos fuerza a entregar lo que no teníamos intención de dar o nos quita la vida. Es, por tanto, contraria a la naturaleza, a su esencia, de modo que es imposible que tenga otro resultado que no sea la destrucción, siempre, en todos los casos, la coacción solo puede destruir y empeorar la vida.

El 11 febrero 2020 escribí una nota titulada ¿Por qué el dólar es la divisa con mejores expectativas a nivel global? Era la moneda de mejor actuación y el Dollar Index Spot superaba los 98,84. Desde entonces ha sobrevenido el caos provocado -precisamente- por las medidas coactivas forzadas por el poder de policía de los Estados. Qué le espera al dólar ahora, sólo Dios lo sabe. Pero intentemos algo de racionalidad en esta película de alta ciencia ficción que han desencadenado los gobiernos.

Índices industriales, de confianza, tráfico de turistas y los primeros datos preliminares de actividad económica agregada en todo el globo presentan caídas profundas, sin piso a la vista. En solo una semana, unos 3,28 M de personas iniciaron el trámite para el seguro de desempleo en EE.UU. multiplicando por 15 los de la semana previa y cuadruplicando el récord anterior, y los más pesimistas esperan 6,5 M esta semana. Así, la tasa de desempleo pasó del 3,4% al 5,4% y, en dos meses podría acercase al 10%.

Según el secretario del Tesoro, si el Gobierno no hiciera nada, el desempleo alcanzaría al 20%, comparable a la peor depresión de la historia de EE.UU. que comenzó con el crack de 1929 cuando la desocupación rondó el 30% (y el PBI cayó 10% hasta 1933). En mi opinión, si se puede proyectar algo en este delirio que se ha apoderado del mundo, si Trump no logra normalizar la actividad en EE.UU. y continúa regalando dinero, la crisis de 2020 puede superar a la de 1929.

La Fed inyectó más de u$s1 B en las últimas semanas, con incontables billones por venir y ha expandido rápidamente su balance. Solo en los últimos catorce días compró u$s942.000 M en bonos del Tesoro y valores respaldados por hipotecas. La semana pasada, además proporcionó más de u$s50.000 M en préstamos baratos a los bancos a través de su ventana de descuento. Su línea de crédito de distribuidor primario entregó u$s27.700 M. Su Fondo de Liquidez del Fondo Mutuo del Mercado Monetario agregó otros u$s30.600 M. Los préstamos a bancos centrales extranjeros llegaron a u$s206.000 M.

Así, por sobreabundancia el Dollar Index Spot que el 19 de marzo había llegado a su máximo de 102,75, cayó al 99,04 actual, el mayor descenso desde 1985, o sea, la mayor inflación desde 1985 y, aunque quizás no se traslade al IPC dada la recesión, sí que perjudicará a la producción al provocar un fuerte estrés entre los costos de producción y los precios de venta, amén de que no conviene producir cuando al dinero lo regalan.

En la Argentina, sin actividad, la gente está desesperada por vender dólares, se reducen drásticamente las importaciones y comienza la cosecha de los principales exportables. Con el mercado cambiario paralizado, la gente opta hasta pagar en dólares. Cuando termine la cuarentena, probablemente se produzcan fuertes ventas para poder saldar cuentas, así que todo indica que bajaría el blue hasta que se encuentre con la realidad, una fuerte inflación.

Tan fuerte que, a pesar de los esfuerzos oficiales por congelar el IPC -los controles mostraron un 100% de incumplimiento en los precios establecidos- desde la implementación de la cuarentena forzosa la canasta básica tuvo aumentos importantes. Por ejemplo, según la consultora Seido, la carne aumentó en Liniers entre 10% y 15% mientras que, en la venta al público, la vacuna subió 1,2%, el pollo 3,6%, las verduras 3,5% y frutas 2,3%. Así, el IPC se dispararía 2,5% en marzo. Y esto recién empieza. El déficit fiscal primario podría llegar al 5% del PBI, según el Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz (CESO), por la fuerte caída que sobrevendrá en la recaudación y el gasto público disparado. En mi opinión será bastante mayor. Y, sin crédito, solo queda la fuerte emisión, fuerte inflación: se duplicaría la base monetaria en 2020 según el CESO. Así las cosas, en mi última columna cité a Invecq, que estimaba que la economía se contraería el 3,5% i.a. en 2020 y dije que los veía muy, muy optimistas. Una semana más tarde, ahora dicen que caerá 6% anual… los sigo viendo optimistas.

(*) Senior Advisor, The Cedar Portfolio

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