Berlín - General Motors admitió ayer que habrá 10.000 despidos en su controlada Opel, tras anunciar su decisión de no venderla, lo que generó críticas y sorpresa en Europa. Para explicar su determinación, GM argumentó una mejor «salud financiera» y «la importancia de Opel/Vauxhall» para su estrategia internacional. Opel emplea actualmente unas 50.000 personas en Europa.
John Smith, vice de GM, dijo ayer que buscan reducir los costos de su filial en un 30%, lo que se traducirá en unas 10.000 desvinculaciones. Opel tiene plantas en Alemania -donde trabaja la mitad de sus empleados-, España, Bélgica, Polonia y el Reino Unido, bajo la marca Vauxhall.
La Casa Blanca aseguró ayer ser ajena a la decisión de GM, anunciada el mismo día de una visita a Washington de la canciller Ángela Merkel. El Estado norteamericano posee más del 60% del capital de GM, pero dice con frecuencia que no se involucra en la gestión diaria de la empresa. GM evaluó en 3.000 millones de euros el costo de la reestructuración.
La decisión de no vender Opel a la autopartista austríaca Magna representó un fuerte revés para el Gobierno de Merkel, que había puesto sus mejores esfuerzos para que esa operación se cerrara con éxito.
Berlín exige ahora que GM presente su plan de reestructuración cuanto antes y devuelva antes del final del mes el crédito puente de 1.500 millones de euros que le había otorgado el Estado alemán para permitir la supervivencia de su subsidiaria. Ahora, además, el Gobierno asegura que no ayudará a la empresa estadounidense con ningún tipo de aval.
La preocupación es tan grande que el Gobierno de Merkel anunció que pretende hablar del tema en los próximos días con sus pares de la administración de Barack Obama. Además, se reunirá mañana con los representantes de los cuatro estados federados en los que se ubican las plantas de la automotriz alemana.
Mientras la canciller se mostró «enojada» y «desilusionada» con la decisión de GM, el nuevo ministro de Economía, el liberal Rainer Brüderle, lo calificó de «completamente inaceptable». Para Jürgen Rüttgers, jefe de Gobierno del estado federado de Renania del Norte-Westfalia, «el comportamiento de General Motors muestra la cara horrible del turbocapitalismo».
En tanto, los trabajadores temen el cierre de plantas y despidos masivos. Por eso ayer, las comisiones internas de las plantas alemanas de Opel y los sindicatos del ramo llamaron a huelgas de protesta a partir de hoy.
Un vocero de GM Europe respondió advirtiendo de los peligros que entrañan esas huelgas: «Si no logramos un acuerdo respecto de la necesaria reestructuración de la compañía, la consecuencia podría ser la insolvencia de Opel. Es innecesario y ninguno de los implicados lo desea».
Para la canciller alemana, el plan Magna se había convertido ya en «el plan Merkel». Su Gobierno ofreció una ayuda estatal de 4.500 millones de euros para la New Opel, pero sólo en el caso de que GM optara por la oferta de la autopartista y se mantuvieran las plantas alemanas.
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