La nueva Ley de Economía del Conocimiento: puntos fuertes y débiles de una apuesta clave

Economía

Se propone duplicar la cantidad de empleos en el sector y multiplicar por 2,5 el monto de las exportaciones. Las empresas celebraron la nueva ley, pero marcaron algunos puntos y piden un mecanismo de adhesión simplificado.

La aprobación de la nueva Ley de Economía del Conocimiento, que contempla beneficios fiscales para empresas de software, nanotecnología, biotecnología, industria audiovisual, aeroespacial, satelital, nuclear y robótica, entre otras actividades, fue tomada como una buena señal por las firmas del sector, que sin embargo consideran que con algunos retoques podría haber sido más ambiciosa.

En las metas del proyecto impulsado por el Ministerio de Desarrollo Productivo puede estar una de las apuestas clave para el futuro: duplicar la cantidad de empleos en el sector (hoy son más de 400.000) y multiplicar por 2,5 el monto de las exportaciones (de u$s 6.000 a u$s 15.000 millones), necesidades imperiosas en una Argentina ávida de creación de puestos de trabajo y de ingreso de divisas.

Entre sus puntos fuertes, el proyecto aprobado dispone:

-Descuentos sobre los aportes patronales. Los beneficiarios de la ley podrán convertir en un bono de crédito fiscal intransferible hasta el 70% de las contribuciones patronales que hayan pagado. Podrán ser utilizados por el término de 24 meses desde su emisión para la cancelación de tributos nacionales (como el IVA), excluido el impuesto a las Ganancias. Solo los beneficiarios que acrediten exportaciones podrán utilizar el bono a cuenta de Ganancias, en un porcentaje no mayor al porcentaje de exportaciones informado durante su inscripción.

-Rebaja del 60% en la tasa del Impuesto a las Ganancias para las micro y pequeñas empresas; del 40% para las medianas, y del 20% para las grandes.

El régimen de promoción estará vigente desde el 1 de enero del 2020 hasta el 31 de diciembre de 2029 y podrán adherir las empresas constituidas en la Argentina o habilitadas a trabajar en el país. Para ello deberán acreditar que el 70% de su facturación del último año esté vinculada a las actividades promovidas.

Además se crea el Fondo Fiduciario para la Promoción de la Economía del Conocimiento y habrá incentivos extra para lograr un desarrollo federal de polos de economía del conocimiento, promover el empleo femenino y de diversidad.

Puntos débiles

“Por fin salió. Después de diez meses, pasamos por todas las emociones. Saber dónde estamos es una gran mejora, nos permite a las empresas pensar distinto”, explicó Sergio Candelo, titular de la Cámara de Empresas de Software y Servicios Informáticos (Cessi).

Con buenas expectativas sobre el proyecto aprobado, la entidad se enfoca ahora en los que será la reglamentación de la ley que terminará de definir algunos aspectos importantes en el día a día. “Cuestiones de letra chica”, sintetizó Candelo en diálogo con Ámbito.

Un tema a aclarar es la exigencia para mantener la plantilla de trabajadores, porque “a veces alguien renuncia o se jubila. Además este es un sector muy dinámico, con mucha rotación, entonces quizás la empresa tiene menos empleados un mes pero no por decisión propia. Debemos ver cómo hacer que no se considere una caída en la nómina y eso te deje afuera del régimen”.

Otro tema es que las empresas son sujetos de retención de IVA y como el bono fiscal se utiliza para pagar el mencionado impuesto, deberán determinar con AFIP que el beneficio sea aplicable y se pueda percibir.

Y concertar la modalidad de liquidación del impuesto a las Ganancias para las firmas que ya estaban comprendidas por la promoción de la industria del software, vigente hasta diciembre pasado.

En definitiva, que todo no se convierta en una sucesión de trámites interminables que terminen atentando contra sus objetivos. “El régimen de promoción debe funcionar como tal, que no sea un incordio o algo costoso y complejo que haga que las empresas decidan no adherirse”, concluyó.

Para Luis Galeazzi, Director Ejecutivo de Argencon, entidad que nuclea a empresas que representan el 25% del total de servicios exportados por el sector, los cambios introducidos en el proyecto original (aprobado por Diputados en junio y luego modificado por el Senado, por lo que regresó a la Cámara baja) disminuyen los incentivos para exportar.

“Se espera crear 200.000 o 300.000 puestos de trabajo y eso solo puede lograrse si la Argentina exporta, por eso el futuro de la economía del conocimiento argentina está vinculado a la competitividad internacional que tenga. En ese sentido, hacer que el bono de crédito fiscal sea intransferible debilitó la ley, porque las empresas que tengan una importante capacidad exportadora y no tengan posición fiscal local no lo podrán ejecutar”, explicó a este medio.

“La discusión giró mucho sobre las empresas grandes y empresas chicas, pero les afecta a todas. El eje exportador no tiene que ver con el tamaño de la empresa, sino en cómo las empresas puedan aprovechar el estímulo que les dan. Creo que no comprendieron el efecto que tiene”. Según los cálculos de la entidad, “tomando dos empresas con el mismo volumen de operaciones, la que es netamente exportadora solo podrá aprovechar un tercio del beneficio comparada con la que opera en el mercado local. Es una caída del estímulo muy grande”.

Otro punto que cuestionó es la excesiva discrecionalidad que otorga a la autoridad de aplicación, porque “tendrá la capacidad de redistribuir los beneficios o incrementar los requisitos para las empresas que adhieran, lo que deja abierta la posibilidad a que dentro de dos años el régimen pueda cambiar y eso genera incertidumbre a la hora de tomar decisiones”.

Aunque recibió la aprobación del proyecto como una noticia positiva. “Obviamente es mejor tener una ley que no tenerla, se sale de la incertidumbre del último año y medio o dos años. No tener un marco normativo es muy destructivo para el sistema. Es un paso adelante, aunque un paso corto”, afirmó.

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