31 de octubre 2003 - 00:00

Edwards: "Preocupa que no tengan vergüenza por no pagar"

«El Consenso de Buenos Aires es de una pobreza franciscana. Está muerto antes de salir, sólo es una lista de buenas intenciones, no tiene seriedad desde el punto de vista práctico ni académico», afirmó ayer Sebastián Edwards, ex economista jefe del BID. Durante su participación en el seminario de FIEL, Edwards dialogó con este diario sobre los aciertos y errores de la década pasada y del presente gobierno. Fuerte opositor al Mercosur, aconseja que la Argentina negocie sola, sin Brasil, el ALCA.

Acerca de la propuesta de reestructuración de la deuda, Edwards, que se desempeña como profesor en la UCLA, sostuvo que «lo importante es la actitud, es hacer el esfuerzo posible por cumplir con los compromisos adquiridos. Más que un número, es el método, el proceso y la actitud».

Periodista:
¿Puede darme dos aciertos y dos errores de lo que se ha visto hasta ahora del gobierno de Kirchner?

Sebastián Edwards: Es difícil separar este gobierno del anterior. Quizá los aciertos sean compartidos, y el más importante fue evitar la hiperinflación, que fue posible porque la clase política entendió, al final, que desatar una hiperinflación era nefasto. Pero también fue importante la confianza en los técnicos del Banco Central y de Economía, que no es nada trivial. La verdad, que haber evitado la hiperinflación sorprendió a muchos y mucho.


P.:
¿Qué errores puede señalarme de la gestión Kirchner?

S.E.: Creo que la retórica antiextranjero, antiempresa es muy dañina y puede ser un bumerán. Cuando la Argentina quiera volver al mundo, a la modernidad, quizá la retórica le dificulte la transición. Otro elemento negativo es que, al no tener una actitud transparente y técnica respecto del problema de los contratos y de las privatizadas, genera mucha incertidumbre. Es particularmente serio e impide atraer la inversión externa directa. En tercer lugar, creo que otro error es caer en los juegos impulsados por Brasilia de firmar consensos «populistas» inconsistentes, porque alimentan la retórica antiempresa, antimodernidad.


P.:
¿Cuál es su lectura sobre la propuesta que presentó el equipo económico para reestructurar la deuda pública?

S.E.: En primer lugar, la aritmética, y no la matemática, está relativamente bien hecha en el sentido de las proyecciones macroeconómicas. Es natural que si el máximo superávit primario al que la Argentina está dispuesta es de 3% (del PBI), esto implica que la quita es la que es. Es dato; no hay magia, es pura aritmética. Los que hicieron los números lo sabían, ésa era la quita implícita. Lo que me sorprende es la retórica y la posición con respecto a los compromisos adquiridos. Que «pagar sea algo inusual» es realmente increíble. La falta de vergüenza, de sentirse sin culpa ni remordimiento de no cumplir con los compromisos, es lo preocupante con miras al futuro.


• Aislacionismo


P.: ¿A qué asocia la falta de vergüenza?

S.E.: No lo sé. Pero conlleva a una posición aislacionista, a no entender que la Argentina tiene que ser un país moderno.


P.:
¿Cómo cree que sigue el proceso de renegociación de la deuda?

S.E.: Se avanzará lentamente. La negociación será larga y compleja. Lo ideal es que la Argentina (mientras tanto) acelere la tasa de crecimiento económico. Pero para ello se requiere aumentar la inversión y esto precisa de un programa que la fomente y la respete. En ese sentido, existe el compromiso del gobierno argentino, por lo menos así lo dijo, claro que sin demasiada fuerza ni convencimiento.


P.:
Sin hacer demasiado revisionismo histórico, ¿qué enseñanzas le dejó el colapso argentino, sobre todo juzgando la actuación de los organismos financieros internacionales?

S.E.: Que fue producto de los argentinos. No hubo ninguna conspiración ni nada externo. El retiro de los capitales hubiera ocurrido como en cualquier país del mundo. El colapso es un invento argentino. La primera lección que me dejó fue que la arrogancia económica e ideológica generó rigideces en la economía (como la convertibilidad) que amplificaron el shock externo. La segunda fue que es esencial hacer manejo de riesgos macroeconómicos serios, donde se consideren distintos escenarios. Esto no se hizo en ningún país de América latina.


P.:
¿A qué se refiere específicamente con manejo de riesgos macroeconómicos? ¿Quizá, como en Chile, que tienen un Fondo de Fluctuación del Cobre (que actúa anticíclicamente)?

S.E.: Mire, las enseñanzas que dejó el colapso fueron también que mantener el tipo de cambio fijo es como volar en avión sin tren de aterrizaje. Y, en segundo lugar, la Argentina usó al máximo su capacidad para endeudarse y no dejó espacio para una emergencia («no hay que gastar todo») o frente a un imponderable. Eso es manejo de riesgo. El ejemplo del fondo chileno del cobre es válido. Pero también me refiero a dejar flotar el tipo de cambio.

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