EE.UU. cae por argentinización
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El problema es que la gentey el gobierno demandaban crédito para gastar y la Fed les daba dólares, que no necesariamente contaban con una demanda para atesoramiento. Por lo tanto, el exceso de oferta hizo bajar a la moneda estadounidense desde 2002, incentivando la suba de precios doméstica, de los bienes comercializables internacionalmente y de los activos financieros e inmobiliarios.
En mayor o menor medida, esta política monetaria flexible de la Fed fue seguida por otros bancos centrales, por lo que no extraña que las presiones inflacionarias hayan alcanzado, también, a sus unidades monetarias. Tampoco lo es que, en pos de mejorar los menguantes rendimientos, los inversores se vieran incentivados a asumir riesgo, en forma exagerada.
Desde 2004, la Reserva Federal decidió combatir la aceleración de la inflación aumentando muy gradualmente la Federal Fund Rate. Hacia fines de 2005, había un amplio consenso sobre la necesidad de un «aterrizaje suave» o ajuste moderado en 2006.
En mayo de dicho año, luego de nuevos récords en los precios de los activos financieros, empezó a crecer la expectativa de un ajuste y pareció iniciarse un «aterrizaje ( excesivamente) suave». Pero la Reserva Federal, con su nuevo presidente Ben Bernanke, decidió detener, en 5,25%, la suba de su tasa de referencia por temor a las señales de debilidad del sector inmobiliario de los EE.UU. y su impacto negativo en la economía. Para agosto, quedó claro que no habría nuevas subas e, incluso, los inversores comenzaron a descontar una baja, lanzándose nuevamente a maximizar ganancias. El «avión» lejos de apuntar la trompa hacia abajo y reducir la velocidad para aproximarse a la pista, siguió acelerando y mirando al cielo.
Hasta junio de 2007, se siguieron batiendo récords de precios y, más que un aterrizaje, parecía un alunizaje. No obstante, todos sabemos que es imposible que un avión alunice y lo que nos trajo a la tierra fue el estallido de la crisis del sector inmobiliario e hipotecario de los EE.UU.
Explotó primero allí porque debía ser el mercado más «inflado», pero los efectos de los excesos afectaban a los valores de todos los bienes y activos internacionales.
Ya no era posible un « aterrizaje suave» porque la Fed obligó al avión a subir demasiado alto. Sin embargo, pudimos haber tenido un aterrizaje algo brusco, pero controlado.
Simplemente, se necesitaba que los bancos centrales del mundo siguieran proveyendo liquidez a los bancos para evitar una crisis del sistema financiero, como lo viene haciendo el Banco Central Europeo. Mientras tanto, convenía dejar que los precios de activos financieros e inmobiliarios ajustaran a la baja y que la economía internacional se desacelerara.
Empero, la Reserva Federal decidió bajar la tasa de interés e incrementar los excedentes de liquidez existentes, respondiendo complacientemente a los ruegos de los inversores, que querían seguir ganando con el alza de los mercados, y de los políticos, deseosos de sostener un crecimiento económico artificial. Desde entonces, se continúa en este rumbo de colisión.
Esta historia también es una vieja conocida de los argentinos y sabemos como termina. Se postergan los costos de los anteriores errores de funcionarios gubernamentales (en general, fiscales) y/o de los bancos centrales ( excesos monetarios); pero se potencia el ajuste cuando éste se vuelve inevitable. Ahora estamos en esa etapa y el paquete de salvataje es un paso más. Más allá del « veranito» que su aprobación pueda traer, la Reserva Federal deberá optar por subir sus tasas y evitar que se acelere la inflación, profundizando la recesión que se viene, o seguir con la «fiesta» y meter a EE.UU. en una « estanflación».




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