EEUU y FMI le dan la "bienvenida" a la decisión china de avanzar en su reforma cambiaria
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Dominique Strauss-Kahn y Timothy Geithner celebraron el anuncio.
Tanto Estados Unidos como el FMI han presionado a Pekín para que permita la apreciación del yuan, que mantiene desde julio de 2008 la misma paridad con respecto al dólar.
En su declaración, el Banco de China informó de que en vista de la recuperación de la economía mundial y del propio país asiático, elevará la "flexibilidad" de la tasa de cambio, aunque descartó "una apreciación a gran escala".
La moneda china se ha apreciado un 9 por ciento en los últimos dos años frente a una canasta de divisas, aunque casi la mitad del cambio se debe a la reciente bajada del euro.
El tema de la tasa de cambio de China se anticipaba como uno de los más espinosos de la cumbre del G-20, ya que Estados Unidos y otros países se quejan de que Pekín mantiene su moneda artificialmente baja para abaratar sus exportaciones.
El Congreso de Estados Unidos ha sido particularmente crítico y un grupo de legisladores actualmente impulsa un proyecto de ley para imponer sanciones a China por su política cambiaria.
El departamento del Tesoro debe determinar si Pekín manipula o no el valor de su moneda, en un informe que tenía que haber entregado al Congreso en abril, pero que Geithner ha aplazado hasta después de la cumbre del G-20.
Eso no impidió que en una audiencia celebrada la semana pasada ante el Congreso, el secretario del Tesoro dijera que las medidas de China para evitar la apreciación de su moneda generan distorsiones en todo el planeta e impiden el reajuste de la economía mundial.
El FMI, por su parte, afirma que la subida del valor de la divisa china es necesaria para un crecimiento mundial más equilibrado, de forma que el país asiático no vuelva a acumular grandes superávit comerciales y Estados Unidos grandes déficit, una situación que alimentó la crisis financiera.



