27 de noviembre 2002 - 00:00

El experimento y el Fondo Monetario

El gobierno nacional ha decidido levantar, en las vísperas del primer aniversario de su implementación, la ingeniería financiera más perversa y de mayores consecuencias negativas de la historia argentina: el llamado «corralito» financiero.

Más allá de las derivaciones que tenga la medida en el corto plazo, es preciso señalar que la decisión del poder político constituye un acto de restitución de derechos imprescindible y necesario de llevar a cabo. Restitución de derechos que se hace con un daño importante fruto de las consecuencias de la devaluación, pero que a la postre significa explicitar el costo que debió soportar parte de la población, los ahorristas y depositantes en cuentas a la vista, luego de años de entender la política económica como la magia proveniente de las alquimias financieras.

Su ideólogo y algunos de los adláteres que lo acompañaron en el diseño e implementación de tan nefasta medida, parecen aún no haberse notificado del daño producido, y recurrentemente los encontramos tratando de explicar que «las penas son de nosotros y las culpas son ajenas».

Desde que el ex ministro Cavallo emprendiera su «duro» autoexilio en los Estados Unidos ha sido muy prolífico en emitir opiniones, escribir columnas y efectuar apreciaciones sobre la realidad política, económica y social de la Argentina. Como quien analiza un país en el cual nunca hubiera tenido ninguna responsabilidad de lo que allí ha acontecido y acontece, el inefable ex funcionario desgrana conceptos, calificativos y puntos de vista de los más variados.

• Coincidencia

Basta sólo destacar algunos de sus dichos. En primer lugar, su coincidencia con la visión de analistas extranjeros en cuanto a calificar a la Argentina de manera despectiva y tildándola de país insignificante. Luego su aserto acerca del carácter experimental del programa económico que pusiera en marcha en la década del '90. Finalmente, su sorpresa acerca de las conductas del FMI con respecto a nuestro país.

Lamentablemente, el Dr. Cavallo ha optado por «refugiarse» en el exterior y no compartir con todos sus compatriotas el arduo camino de reconstrucción de lo que él mismo contribuyó a destruir. Bueno sería que hiciera un patriótico aporte con su silencio, pero como no es así y los argentinos demandan y necesitan un contundente «baño de verdad» es que se debe reflexionar muy profundamente para no volver a cometer errores que nos han costado y costarán grandes sacrificios y dolor a todos los habitantes de esta Nación.

Cavallo no es el único responsable de los problemas argentinos, pero sí quien tiene una gran dosis de lo que él pretende ignorar: culpabilidad. Por tal motivo no debe pretender erigirse en juez y parte de la dura realidad de nuestro país, máxime cuando aún no están debidamente aclarados muchos hechos en los cuales al menos su responsabilidad funcional no puede soslayarse.

• Exceso

Yendo a lo que él mismo califica como «experimento», la convertibilidad, a no dudarlo, fue una herramienta muy útil para superar la hiperinflación, pero continuar con él a costa de la desindustrialización del país, de que los investigadores científicos se «fueran a lavar los platos», el desempleo creciera a niveles nunca vistos, al igual que la marginación y la pobreza, hasta llegar a violar el derecho de propiedad privada sobre los ahorros, disponer de las reservas del Banco Central, apropiarse de la liquidez de los fondos de jubilaciones y pensiones, por sólo citar algunos ejemplos, constituyen un verdadero exceso en pos de seguir adelante con el «experimento».

Es lógico, además, que Cavallo no entienda al FMI como no ha entendido muchas cosas en la Argentina, ya que a pesar de peregrinar mendicante al organismo internacional de crédito, durante su última gestión en el gobierno de la Alianza, incluso durante los interminables fines de semana de feriados bancarios y cambiarios, porque el propio Fondo, tarde quizás, ya no creía ni en su palabra ni mucho menos en sus encendidos arrebatos.

La Argentina necesita un «baño de verdad», como decíamos al comienzo, y es con ella que podremos recrear la cultura del trabajo y la producción, no la de las alquimias financieras que no generan riqueza sustentable y sólo producen euforias efímeras que, cual borracheras, luego dejan los agudos dolores de cabeza de la resaca.

Debemos de aquí en más elaborar los consensos básicos que nos permitan encontrar la salida a la actual crisis. Ello implica recrear la confianza interna y externa, por lo tanto, es imperioso tener claro la agenda que necesita la Argentina para emerger con fuerza y reinsertarse decididamente en el concierto de las naciones de Occidente. Esta debería tener en cuenta los siguientes aspectos y erigirse como políticas de Estado:

1. Declaración de pertenencia a Occidente y al mundo capitalista.

2. Definición de los vínculos federales procurando la formulación de unidades de desarrollo regional como instrumento para la lucha contra el desempleo, la pobreza y la marginación.

3. Autonomía y funcionamiento de la Justicia en defensa de los derechos básicos del ciudadano.

4. Estructuración de un efectivo sistema de seguridad en resguardo de la integridad física, moral y material.

5. Definición de los grandes principios de política monetaria y fiscal.

6. Redefinición e instrumentación de planes de ayuda social con contraprestación.

7. Definir e instrumentar la reforma política que mejore la calidad de representación de ésta, transparentando el régimen informativo y de ejecución presupuestaria.

8. Impulso a la cultura del trabajo vs. la cultura de la especulación.

9. Desarrollo del sistema educativo como instrumento de movilidad social.

10. Definir la estrategia de comercio exterior con parámetros de simetría y equidad en las relaciones dentro de los bloques comerciales y con terceros países.

(*) Director de la Fundación Mediterránea

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