18 de diciembre 2007 - 00:00

El "grupo de los cinco" gestó crisis cenando comida china

Nueva York - Hace tres años, representantes de cinco de los bancos de inversión dominantes de Wall Street se reunieron alrededor de una mesa de madera clara una noche de febrero. Su charla, mientras cenaban comida china de «delivery», llevó a la fórmula perfecta para el colapso del sector inmobiliario de Estados Unidos.

El anfitrión era Greg Lippmann, en ese momento de 36 años, del Deutsche Bank que aspiraba a convertir los títulos valores hipotecarios en una vaca lechera para Wall Street que fuera tan grande como el mercado de crédito corporativo de u$s 12 billones. Sus aliados incluían a Rajiv Kamilla, de 34 años, un operador de Goldman Sachs con antecedentes de física nuclear, y Todd Kushman, de 32 años, quien lideraba un contingente de Bear Stearns. También fueron invitados representantes de Citigroup y JP Morgan. Casi 50 operadores y abogados concurrieron a la primera reunión en la oficina de Deutsche Bank en Wall Street para ayudar a establecer las reglas de negociación y el diseño del nuevo producto.

Esas reuniones del «grupo de los cinco», como los operadores se llamaban a sí mismos, se convirtió en una divisoria de aguas en la historia de Wall Street y la economía global.

Los nuevos contratos estandarizados que crearon les permitirían a las firmas protegerse a sí mismas de los riesgos de hipotecas «subprime» o de alto riesgo y les permitían a los especuladores apostar contra el mercado residencial de Estados Unidos. Además, ayudaban a atender la demanda de inversores institucionales por el alto rendimiento de los préstamos a propietarios de casas con historiales crediticios deficientes.

Las herramientas también magnificaron tanto las pérdidas que un grupo pequeño de prestatarios de hipotecas de alto riesgo que cayeron en impago pudieron devastar los títulos valores que tenían los bancos y los fondos de pensión en todo el mundo, congelar los préstamos corporativos y paralizar los mercados crediticios globales.

Durante algún tiempo, la bonanza «subprime» enriqueció a los banqueros de inversión, a los prestamistas, corredores de Bolsa, inversores, agentes inmobiliarios y compañías de calificación crediticia. Por otra parte, permitió a miles de estadounidenses comprar casas que nunca creyeron que podían costear.

Luego se volvió claro que estos propietarios no podían seguir haciendo sus pagos. De esta manera, los impagos en hipotecas «subprime» hasta el momento produjeron alrededor de u$s 80.000 millones en pérdidas sobre títulos valores respaldados por ellos. El mercado para los instrumentos es tan opaco que muchas firmas no saben con certeza de cuánto es la verdadera caída.

A continuación, la historia de cómo Wall Street transmitió las prácticas del efervescente sector de préstamo del sur de California, en un principio, y del mercado inmobiliario de Estados Unidos al sistema financiero global:

- En Orange County, California, un prestamista hipotecario llamado Daniel Sadek fue uno de los que advirtió del incremento del apetito de Wall Street por préstamos de alto riesgo. Sadek convirtió el personal de su firma, Quick Loan Funding, en una fábrica de hipotecas «subprime». «Usted no puede esperar», decían sus avisos, dirigidos a tomadores de préstamos de alto riesgo. «No se lo permitiremos».

- En Dallas, un gestor de fondos de cobertura llamado Kyle Bass aprendió cómo usar los contratos iniciados por el grupo de Lippmann y luego salió en busca de títulos valores respaldados por hipotecas contra los cuales apostar. Los encontró en instrumentos basados en préstamos hechos por Sadek.

- En Nueva York, las compañías de calificaciones Standard & Poor's, Moody's Investors Service y Fitch Ratings pusieron su sello de aprobación sobre títulos valores respaldados por préstamos hechos a personas que no podían costearlos. Usaron datos históricos para asignar calificaciones a los papeles que no se ajustaron con la suficiente rapidez por el debilitamiento generalizado de criterios empleados para clasificar a los prestatarios de alto riesgo. Entre los títulos valores a los que les dieron grados de inversión estaban los respaldados por préstamos de Sadek.

La meta del grupo de Lippmann, una tarde de invierno de 2005, era diseñar un nuevo producto financiero que estandarizara los títulos valores respaldados por hipotecas,incluidas las basadas en préstamos «subprime» o de alto rendimiento, allanando el camino para su rápido crecimiento.

En febrero de 2005, los fondos de pensión, los bancos y los fondos de cobertura tenían títulos valores de renta fija con rendimientos cercanos a mínimos históricos. Papeles con calificación AAA sobre préstamos inmobiliarios ofrecían rendimientos de un promedio en un punto porcentual superior a los pagarés del Tesoro a 10 años en ese momento, según Merrill Lynch.

El problema era que la mayoría de los tomadores de préstamos más solventes ya habían refinanciado sus casas a las tasas hipotecarias de mínimos sin precedente de 2003. Para atender la demanda de títulos valores respaldados por hipotecas, Wall Street tenía que encontrar una nueva fuente de préstamos. Aquellos aún disponibles principalmente involucraban a prestatarios «subprime», que pagaban tasas superiores porque se los consideraba riesgos de crédito.

Los bancos querían títulos valores respaldados por hipotecas para venderles a clientes. La creación de un instrumento «sintético», o derivado, agruparía o empaquetaría pequeñas cantidades de hipotecas de alto riesgo en títulos valores mayores. De esta manera, las firmas podrían producir lo suficiente para atender la demanda global.

Lippman disputa que los derivados que «el grupo de los cinco» ayudó a crear -que los bancos empacaron en obligaciones garantizadas con un fondo de deuda o CDO, por su sigla en inglés- causaron la crisis «subprime» o de alto riesgo.

«Los problemas de los subprime son lo que son y no los causaron los derivados», afirma Lippmann. «Los derivados permitieron que se crearan más CDO y que lo que estaba en juego fuera mayor. Pero la transparencia hizo que la gente advirtiera el problema más rápido».

Otros ven las cosas de otro modo. Los derivados o «sintéticos» son «como usar el cinturón de seguridad de manera de poder manejar más rápido», sostiene Rod Dubitsky, director de investigación de productos respaldados por activos para Credit Suisse. «La cantidad total de las pérdidas en dólares, todas las que se están viendo, son por los sintéticos. Sin duda, cambió drásticamente el juego».

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