4 de mayo 2001 - 00:00

El megacanje será más que el famoso blindaje

La cotización de títulos argentinos todavía no lo refleja, pero los financistas ya saben que con lo bien que avanza su implementación, el megacanje será para el país más importante de lo que fue el famoso blindaje de diciembre pasado. Por empezar tienen una fundamental diferencia: las cifras del blindaje se componían de unos 21.000 millones de dólares en dinero fresco provenientes de organismos internacionales (Fondo Monetario, Banco Mundial, BID y Gobierno de España) y de 20.000 millones de promesas de refinanciación de bancos. Pero el blindaje tenía una particularidad, como el nombre con que se popularizó lo indica: blindaba, avalaba, restaba por tanto incertidumbre pero no debía ser usado.

Ninguno de los países que recibió blindaje antes que la Argentina usó ese aporte. No lo hizo México. Brasil, que recibió la abultada suma para el año 1998 de 45.000 millones, a los 2 meses comenzó a devolverla y en el tercer trimestre del año pasado ya la canceló totalmente.

Corea tampoco lo usó y hoy ese país asiático tiene un riesgo-país sorprendentemente bajo de 180 puntos básicos. Claro, porque hizo un ajuste muy serio que incluyó cortes totales de subsidios, cierres de empresas ineficientes, de bancos, de compañías de seguros. Hasta los hombres y mujeres coreanos, viendo la fuerza del ajuste, donaban sus joyas y objetos de valor.

Indonesia lo recibió, lo malgastó, no hizo buen ajuste y hoy sigue necesitando dinero internacional. Turquía no echó mano de este recurso; está haciendo un ajuste bastante serio y recibió 10.000 millones de dólares adicionales por ese esfuerzo.

El megacanje, en cambio, es usable, es efectivo y no es un aval: se refinancian los vencimientos de deuda externa hasta fines del año 2004, o sea los 3 años que le quedan al gobierno de la Alianza y el primero del próximo que asuma en 2003, sea de la Alianza o de otro partido.

Por supuesto que sin el blindaje -que en definitiva resguarda todo-no hubiera podido surgir el megacanje. Pero ésta es la gran novedad, el gran logro de la gestión Cavallo dadas las circunstancias. También marca un llamado de atención porque sólo con el blindaje algunos países -Brasil por caso-pudieron normalizar sus pagos de deuda y hasta prescindir de aquel aval sustentándose sólo en la potencialidad que irradia su economía porque hicieron los ajustes y la reforma fiscal.

Del otro lado están países como Chile y muchos otros, que nunca llegaron ni al megacanje ni siquiera a pensar en el blindaje. Claro, Chile desde hace 15 años tiene déficit presupuestario cero y hoy luce el envidiado «investment grade» en la calificación de su deuda que lo habilita a recibir inversiones de cualquier entidad, fondo de pensión, bancos, etc. del mundo a tasas muy bajas. La Argentina políticamente dice que tiene que postergar el «ajuste en serio del gasto del Estado» hasta después de la elección del 14 de octubre. Pero en algún momento tendrá que hacerlo porque no puede seguir desenvolviéndose con un déficit de 10.000 millones de dólares por año. Al existir la convertibilidad ese déficit lo debe cerrar con más deuda.

En parte debe bajar esto si el Estado recauda más -combate a la evasión, la tan ansiada reactivación de la economía luego de 33 meses, crea nuevas formas privadas de cobro impositivo-pero también y fundamentalmente si ajusta el gasto público lo más cercano posible al ingreso. Hoy, no tocar el gasto estatal y cubrir el déficit con impuestazo tras impuestazo -táctica preferida del aliancismo porque supone, con error, que los impuestos los pagan «los más ricos»- es imposible de sostener en el tiempo. En primer lugar porque desalienta la reactivación, pero también porque «ennegrece» la economía al inventarse formas de evasión y desalienta inversiones.

Mientras tanto el «megacanje» es una buena solución. Alivia al gobierno de apremios de corto plazo y a todo el sector financiero. El miércoles en Ambito Financiero se explicó, por ejemplo, cómo se benefician las AFJP.

Fundamentalmente permitirá bajar la tasa de interés y superar esa noticia que quizá pasó un poco inadvertida estos días (Ambito Financiero de ayer, pág. 12): una empresa sana, Molino Morixe, se redujo a su planta de Benito Juárez y les entregó a los 9 bancos acreedores 5 fábricas o bienes restantes. ¿Por qué? Porque hace 2 años pidió un crédito normal por 23 millones de dólares y la carcomían los intereses en un país recesivo. Entonces prefirió entregar parte de su patrimonio y cancelar anticipadamente la deuda. Morixe queda más sana sin deuda, obviamente, pero si el negocio financiero es mayor que la rentabilidad empresaria, la Argentina puede extinguirse productivamente. Y ni hablar del desempleo.

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