21 de noviembre 2001 - 00:00

"El mundo se había olvidado de nosotros"

Kabul - A comienzos de la semana, Burhanuddin Rabbani era todavía un presidente en el exilio, líder de una alianza militar (el Frente Unido o la Alianza del Norte) que controlaba sólo la décima parte del país. La ONU, sin embargo, le reconocía la representación de todo el Estado.

Hoy, Rabbani, ex profesor universitario de Ley Coránica precisamente en Kabul, es el aspirante a presidente de un país que todavía no existe.Y es que alrededor de 50% del territorio está controlado por grupos militares que le son más o menos fieles. Pero el resto es todavía zona de combates y, además, está habitado por poblaciones pastunes que no están dispuestas a aceptar un líder tayico como Rabbani.

Rabbani volvió a Kabul, de donde los talibanes lo expulsaron en 1996. El lunes, los aviones estadounidenses le despejaron el camino de entrada a golpe de bombas. Algo que no olvida Rabbani, pero tampoco subraya demasiado. «Quiero congratularme por esta gran victoria con la nación entera, con los soldados, con los comandantes y con el ministro de Defensa». ¿Y los americanos? El presidente señala: «Se trata de una victoria del Islam, del mundo civilizado, del bien sobre el mal, de la luz sobre la oscuridad. Una victoria de la paz y de la seguridad en todo el mundo».

Periodista: ¿Cómo tenemos que llamarlo? ¿Tenemos que tratarlo de presidente?


Burhanuddin Rabbani
- No hemos entrado en Kabul para extender nuestro poder ni para imponer un gobierno con las armas y los tanques. Creo que el pueblo afgano tiene derecho a elegir libremente a sus propios líderes y yo, como representante del Estado islámico de Afganistán, estoy entregado en cuerpo y alma a que esta posibilidad se convierta en realidad.

P.: La coalición internacional antiterrorista le había pedido, a cambio de su apoyo aéreo, que no entrase en Kabul. ¿Ha traicionado el trato hecho con los estadounidenses?


B.R.:
Cuando los talibanes abandonaron la capital hubo una decena de horas de vacío de poder. Horas durante las que se cometieron numerosos crímenes. Nosotros discutimos del peligro que supondría el que la ciudad cayese en el caos y llegamos a la conclusión de que teníamos que intervenir. La nuestra no fue una invasión. Y para garantizar la seguridad pusimos en marcha un comité, por su propia naturaleza provisional, y no un gobierno.

P.: Los talibanes están siendo derrotados en todo el país. ¿Qué piensa de ello?


B.R.: Estoy seguro de que el mundo comprende ahora que el pueblo afgano no sólo derrotó al comunismo, sino también al terrorismo.
Tras la caída del comunismo internacional, el mundo se olvidó de nosotros y permitió a Estados extranjeros interferir en nuestra política. Hoy, tras la derrota del terrorismo internacional, espero que el mundo no vuelva a interferir en nuestros asuntos.

P.: ¿Los soldados británicos que aterrizaron la semana pasada cerca de Kabul son una interferencia?


B.R.:
Hubo una enorme e injustificada confusión sobre ellos. Esos soldados han venido a desminar, a garantizar la ayuda humanitaria y a proteger su embajada, que está examinando la posibilidad de volver a abrir sus puertas. No tenemos nada en contra de ellos. Pero eso sí, si alguien quiere enviar miles de soldados a Afganistán, tiene que discutir el asunto con nosotros.

P.: ¿Qué va a pasar ahora?

B.R.: Mi mensaje al mundo es el siguiente: ayúdennos a reconstruir la capital, Kabul, y las áreas destruidas por los talibanes y toda la región volverá a recobrar la estabilidad.

P.: ¿En qué medida la estabilidad depende de usted?


B.R.:
Estamos decididos a promover el proceso que nos permita convocar la Loya Jirga (la asamblea de los sabios de todas las etnias y tribus de Afganistán). Colaboramos desde hace tiempo con la ONU sobre este proyecto y seguiremos haciéndolo.

P.: Hay quien sostiene que su conquista de la ciudad de Kabul ha sido precisamente el primer paso para adquirir una posición de fuerza dentro de la Loya Jirga.


B.R.:
Por lo que a mí respecta, estoy dispuesto a respetar cualquier decisión del pueblo afgano y de la Loya Jirga. Están invitadas a la asamblea de los sabios todas las fuerzas de paz.

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