El país se complicó mas
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Tampoco basta para recibir ayuda externa. Los argentinos -y sobre todo los políticos- siguen sin tomar conciencia de la gravedad de haber caído en default y quedar aislados del mundo.
Ahora Duhalde entiende el grave precio de haberse apoyado en esos sectores estatistas para lograr los votos en la Asamblea Legislativa que lo proclamó presidente de la Nación.
Que políticos como Moreau e Ibarra, Elisa Carrió, los de Izquierda Unida, pidieran a los gritos -también el mismo Eduardo Duhalde- durante el año pasado repudiar la deuda externa, no pagarla, no hacer ningún ajuste y exclamaran: «¡Basta de Fondo Monetario!» fue siempre una insensatez. Lo era que Duhalde al asumir y Rodríguez Saá, su antecesor, proclamaran como un gran triunfo y un logro que no se pagaría la deuda. Era otro lirismo que Raúl Alfonsín aplaudiera en el Congreso cada vez que se lanzaban al aire esas propuestas o se insistiera en repudiar el déficit cero, reducir el gasto de la política, ahorrar desde el Estado «porque eran políticas recesivas». Salvo la izquierda total argentina -que sigue insistiendo en esas posturas ilusorias y populistas porque no tiene ninguna posibilidad de gobernar-, los demás ahora se callan, se reúnen en Olivos sólo para conjurar contra la Corte en medio de tal desquicio nacional. Si el lunes el dólar libre se les escapa, Alfonsín, sus consejos y su insistencia en maniobras para continuar gravitando en el destino argentino se verían de nuevo ubicados en la posición de encaminar el país hacia una alta inflación, ya rumbo a una hiperinflación, carencia de productos y saqueos.
Se decía que «ajustar» era recesivo y ahora el país está peor: directamente parado. Se cierran 1.500 puestos de trabajo por día y la desocupación trepó a 22%. El populismo, alfonsinismo y frepasismo han reiterado su descontado fracaso pero siguen presionando en un país que lo sabía pero ha ratificado que son fuerzas para subsistir en la política pero que jamás deberían intentar gobernar. Y lo están haciendo.
Técnicamente, el gobierno se esfuerza en sus pocos sectores moderados. Por ejemplo, analizan dejar avanzar el dólar en sus primeros días y luego, si subió mucho, descargarle todo el poder de venta del Banco Central y bajarlo abruptamente. Sería un castigo a la especulación. Pero hay sectores empresarios que tienen deudas con el exterior y necesitan comprar rápido para pagarlas por si sube o entran en riesgo de quiebra. Se sigue sosteniendo que el dólar de la real situación de la economía argentina está por debajo de $ 2. Pero está la cotización del dólar miedo, la del dólar por temor a que suba más, la del dólar que la gente quiere atesorar aunque sepa que lo paga caro y la cotización del dólar de saberse en un país con fuerte influencia hoy de Alfonsín, Moreau, Ibarra, «Juampi» Cafiero, que se los ve como sinónimo de agravamiento de la economía. Esto puede hacer difícil llevar el precio debajo de $ 2. También conformar a quienes imprescindiblemente deben ayudarnos a comenzar a zafar (en años) de nuestro momento histórico más crítico.




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