Veamos partes de dos discursos del general Juan Perón donde se reflejan sus dos formas de gobernar el país donde gravitó en forma directa y personal 30 años. Una, al inicio, en 1946, estatista; luego otra, hasta su muerte en 1974, libreempresista, privatista y de economía abierta. Esta dualidad sigue subsistiendo en la Argentina y no sólo en el peronismo que siguió a su líder fundador.
El primero, en realidad, fue una nota firmada por Perón, más que un discurso. Es de fecha 11 de octubre de 1951 y está ya en el límite porque para fines de ese año el entonces presidente gira hacia la libreempresa y la economía abierta.
Para 1951 eran repetidas las críticas -aunque casi no existía prensa libre, confiscados casi todos los medios por el gobierno- a la forma en que se habían usado, evidentemente mal, las enormes reservas en divisas acumuladas en 1946, tras finalizar la Segunda Guerra Mundial.
Esta explicación de Perón fue la última y más detallada sobre lo que se había realizado con el país y cuando admite que «en 1949 (a 3 años de asumir la presidencia) no nos quedaba una divisa».
En este artículo, que en su versión original se tituló «Así paga el diablo», por error o deliberadamente Perón incluye afirmaciones no ciertas. Lo que importó del exterior, consumiendo las divisas, no fueron precisamente «bienes de capital» sino bienes terminados y lo narra: 60.000 camiones, los jeeps y tanques Sherman para el Ejército, etc. El error fue ése: malgastar las divisas en bienes finales que luego requerían permanentes repuestos y no en equipos para arrancar una industria local, una industria de base, que los elaborara. Se perdió una oportunidad única para tener una industria pesada en lugar de una industria liviana no ahorrativa sino permanentemente consumidora de las divisas que engendraba el campo. La «sustitución de importaciones» se hizo y aún se hace en la Argentina sobre bienes simples, en general. En 1946 se perdió la oportunidad histórica de haber encaminado otra Argentina y hoy se sigue sufriendo eso.
Además -léase el artículo-, ¿qué tenía que ver usar las divisas que nos trababan con haber estatizado la flota mercante, unificar en el Estado para compraventas con el exterior (el mal recordado IAPI que desalentó la producción), haber estatizado la Unión Telefónica que era norteamericana, más DINIE para la electricidad cuando, en el mejor de los casos, Inglaterra nos exigía que estaticemos sus obsoletos ferrocarriles?
En este artículo, además, se muestra otro error del primer gobierno de Perón: el terror con relación a la desvalorización de las monedas. Por ese temor él afirma que no se quedó «con ninguna divisa». ¿Contra qué se iban a devaluar sino contra las monedas fuertes que él tenía, fundamentalmente el oro a nivel de que «no se podía caminar por los pasillos del Banco Central de tantas barras de oro acumuladas», según la famosa frase del mismo Perón? Aunque buena parte era oro extranjero resguardado en la Argentina por algunos países beligerantes.
Veamos los párrafos del quizá más completo artículo que resume al Perón estatista. El mismo estatismo -casi sin tener reservas- con que sueñan algunos políticos del peronismo hoy todavía en la Argentina.
La mal recordada Unión Democrática, que en 1946 aglutinó desde comunistas hasta radicales y conservadores para que no ganara Perón. Presidían los actos retratos de Roosvelt, Truman (EE.UU.), Atlee (ingleses) y... Stalin.
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Con esa maniobra el país fue estafado en una ingente suma. Nada pudimos hacer entonces porque, incluso,
El gobierno de S.M. Británica se comprometía a mantener la convertibilidad de la libra esterlina.
En base a esa convertibilidad se mantenía el «comercio triangular» de la Argentina, Gran Bretaña y Estados Unidos. En otras palabras, era posible emplear libras para comprar en los Estados Unidos, y, por lo tanto, parte del saldo de los 117 millones de libras podía ser invertido en los Estados Unidos convertido en oro o en dólares.
Una vez utilizadas, de la manera que se ha descrito, las reservas en dólares, el país no tenía otra solución financiera, para seguir importando de los Estados Unidos, que recurrir al uso de las libras esterlinas devengadas por su comercio con el Reino Unido.
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