El descanso de la víspera nos da lugar para pensar en la figura del presidente. Mientras el principal contendiente contra el actual mandatario parecía ser H. Dean, los comentarios en el mercado eran que le sería fácil a George W. vencer en las elecciones de noviembre. Pero ahora que J. Kerry es el contendiente casi cantado, las cosas se han dado vuelta. Tanto como para disparar, según algunos, la ola de fusiones y adquisiciones que estamos viendo. No sea cosa que si ganan los demócratas las cosas comiencen a ponerse algo más difíciles para la Norteamérica corporativa. Esto nos lleva a otro problema. Hasta ahora, la caída del dólar ha sido contrarrestada por los bancos centrales emitiendo moneda para con ella comprar dólares o preferentemente treasuries, lo que permite hasta cierto punto frenar la suba de sus divisas y, de paso, ganarse "algunos pesos" (por el diferencial de tasas). Aunque más no sea por un simple proceso natural, en algún momento este fenómeno terminará. A riesgo de simplificar demasiado, primero se pierde la confianza, se liquidan treasuries, las tasas norteamericanas comenzarían a crecer, la burbuja inmobiliaria podría explotar en algunas zonas, se volvería difícil financiar el mayor déficit estatal de la historia, se arbitrarían acciones por bonos y bonos por efectivo, etc. y el actual boom llegaría a su fin. Europa y Asia disminuirían sus exportaciones a EE.UU. y el dólar podría trepar durante un tiempo, por la gran presión hacia el corto plazo, la seguridad y las promesas de ganancias del mercado de divisas. El punto no es si esto pasará o no, sino cuándo podría ocurrir.
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