14 de noviembre 2000 - 00:00

El sucesor de Bill Clinton será más débil

(El periodista dialoga con un veterano operador de la Bolsa neoyorquina -personificado en Gordon Gekko, el protagonista de la película «Wall Street»-sobre el futuro de las acciones tecnológicas. Veamos.)

PERIODISTA: Si algo queda en claro es que no habíamos visto los mínimos del año en el NASDAQ. Ese umbral de 3.000 puntos que el mercado respetó en mayo y en octubre, y también la semana pasada, ese dique de contención muestras fisuras...


Gordon Gekko:
Está claro que las tecnológicas se han convertido en una trampa. A comienzos de año -hasta marzo-el mercado se inclinó de tal manera por las acciones tecnológicas que más de 90% de los flujos a los fondos comunes de acciones estaban dirigidos a ese destino (y a biotecnología). Hoy -cuando el inversor busca desvincularse de esa exposición-está pagando los platos rotos de semejante concentración. No hay duda de que es una carnicería, pero aún en un mercado «bear» usted tiene subas contra-tendencia que suelen ser bastante fuertes... Me sorprende y no esperaba que no haya siquiera una tregua.

P.: ¿Cuánto tiene que ver la indefinición acerca de la elección presidencial?


G.G.:
Sinceramente, me parece que mucho menos de lo que se dice.

P.: Todo el mundo esperaba un rally después de las elecciones. Lo que sucede es que las elecciones todavía no terminaron, todavía no conocemos quién es el ganador
.

G.G.:
Mire Merck y se dará cuenta que es una acción que parece tener una respuesta definida. Los tenedores de Merck creen saber quién ganó.

P.: Es un papel farmacéutico.Y en alza muy marcada. La señal que arroja es que ganó Bush...


G.G.:
Eso es lo que observo. No quiero minimizar el papel de la elección. Nadie puede estar enteramente cómodo con una situación como la presente. Gane quien gane, el nuevo presidente emergerá con un mandato sumamente debilitado. Y es posible que los recur-sos planteados ante la Justicia y el nuevo presidente deban llevar una convivencia embarazosa en el tramo inicial de gobierno. Pero -dicho todo estono le achacaría la caída del NASDAQ a la incertidumbre electoral.

P.: ¿Qué otros factores están en juego?


G.G.:
Hay problemas con nombre y apellido. La advertencia de Dell en el sentido de recortar las expectativas de crecimiento en las ventas de PC para el 2001 es un elemento muy concreto.

P.: 20% de aumento en las ventas de PC no está tan mal. No parece proporcionado a una caída de 29% de la acción de Dell en el transcurso de la semana pasada
.

G.G.:
Es el problema de las acciones de crecimiento. 20% es un número fabuloso a no ser que usted haya pagado por una expansión aún mayor. Yo recuerdo haberlo leído en un libro de Ben Graham. Hablaba de IBM en los años sesenta. O sea no estamos ante una situación que la Bolsa no haya vivido antes. ¿Nadie recuerda la historia de los mercados emergentes? ¿O cómo el mercado acribilló a la fiebre por biotecnología -la epidemia anterior a la actual-en 1991? Lo que pasa es que atravesamos cinco años estupendos, el mundo cambió y toda esa fábula. Ahora estamos en el penoso camino de retornar a la media.

P.: No se está exagerando en el castigo
.

G.G.:
Por supuesto. Como antes en el avance. Han sido siempre las reglas del juego. El amor eterno por la tecnología que se traducía en increíbles relaciones precio/ganancias (en los casos en que había ganancias) llevaba implícita una visión de muy largo plazo. La parte del león del valor de una acción estaba representada por flujos de caja prometidos mucho tiempos hacia delante.

P.: Las compañías punto com eran el caso extremo.


G.G.:
Sin embargo, frente a las primeras señales de dificultad, de desaceleración en el crecimiento del mercado de PC, de telecomunicaciones y de la gran cantidad de ventas que se realizan para abastecer ambos, resulta que cualquier tropiezo hace volcar 20%/30% las cotizaciones. De la compañía en cuestión y de sus pares. No hablo de las punto com sino de los «blue chips», la primera línea del NASDAQ.

P.: ¿Dónde quedó la visión de largo plazo?


G.G.:
Ese es el problema. El inversor cambió la vara con la que mide. Ya no quiere esperar al 2007, quiere ver un buen balance este trimestre. Y si usted tuvo un contratiempo -mire el caso de Intel que sufrió apenas una desaceleración en sus ventas-lo pasa a degüello. Intel saltó de 75 dólares el primero de setiembre (récord absoluto) a 35 dólares en un abrir y cerrar de ojos. Esta intolerancia es delicada porque la economía está aún lejos de haber pisado el freno. Creció 5,3% en los últimos doce meses. Ya apunta a un ritmo menor. O sea, las empresas van a tener que acomodarse a una demanda mucho más moderada.

P.: ¿Hasta dónde repercuten los últimos cambios promovidos por la Comisión de Valores? La regulación FD -por ejemplo-que comenzó a regir en octubre...


G.G.:
Mi impresión es que tiene un rol significativo. La norma obliga a una mayor transparencia en la difusión de la información empresaria y en ese afán el papel amortiguador que jugaban los analistas y sus opiniones está en franco retroceso. Las compañías están atadas. Lo que antes se sugería primero o se comentaba a los analistas y éstos iban volcando en sus informes, ese diálogo privilegiado, se cortó. Si la compañía sabe algo ahora tiene que hacerlo público y los analistas se enteran al mismo tiempo que usted.

P.: El saldo final es que estamos atravesando una lluvia de sorpresas. Uno no da abasto.


G.G.:
Tal cual. Los analistas de compañías tendrán que hacer mejor sus deberes y depender menos de las señales que les da la firma.

P.: ¿Pero no se corre el riesgo de que la norma provoque más y no menos volatilidad?


G.G.:
La norma busca más transparencia y un acceso a la información en un pie de igualdad para todo el mundo. Eso es compatible con distintos niveles de volatilidad.

P.: ¿Cree que sea una de las razones por las cuales derrapa el NASDAQ?


G.G.: No se equivoque. La regulación ha contribuido a incrementar el número de sorpresas pero de ninguna manera su signo. Inconfundiblemente, las nuevas noticias han sido malas noticias en forma abrumadora.

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