«Aunque el momento político -por el año electoral- no sea el más apropiado, las políticas de ingresos y fiscal son hoy la clave para detener el proceso inflacionario», afirma el economista Pablo Curat. En diálogo con este diario, el ex asesor del BCRA sostuvo que «la política fiscal es hoy inconsistente con la estabilidad de precios y con el deseo de mantener un tipo de cambio real competitivo. No sólo hace inútiles los esfuerzos del BCRA por comprar divisas sino que llevará el tipo de cambio real a un punto de equilibrio aun más bajo». En este sentido, Curat advierte que de ocurrir esto último «es muy probable que surjan presiones de indexación del tipo de cambio nominal -como piden ya Eduardo Curia y Aldo Ferrer- lo que espiralizaría aun más la inflación». A continuación, los principales pasajes de la entrevista.
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Periodista: ¿Cuál es su lectura del proceso inflacionario?
Pablo Curat: Tras la crisis de 2002 el ajuste del tipo de cambio real era lógico e inevitable con la regeneración de la confianza de los propios argentinos. Lo que es discutible es que el gobierno haya decidido mantener cuasifijo el tipo de cambio y que 100% del ajuste se esté dando por el aumento de los precios internos, reeditando un proceso muy similar al vivido en lo primeros años de la convertibilidad y arriesgándose a despertar nuestra vasta cultura inflacionaria.
P.: ¿De quién es la culpa de la inflación, de la política monetaria o de la política fiscal?
P.C.: El compromiso con la estabilidad de precios debe ser un objetivo de todo el gobierno, no sólo del BCRA. Más aun, una de las responsabilidades primarias del Ministerio de Economía de un país es promover un crecimiento estable de la demanda global que evite las depresiones y las euforias, a través de la política tributaria (liberando o restringiendo la capacidad de gasto privado) y la política fiscal (moderando o promoviendo el crecimiento del gasto y la inversión pública). Hoy la estabilidad de precios exige que si por motivos políticos o sociales se busca un mayor ingreso y consumo privado esto debe compensarse con un menor crecimiento del gasto y la inversión pública... Para el asombro de muchos, se está comprobando una vez más que lamentablemente el superávit fiscal no es el remedio de todos los males y que el equilibrio de las cuentas públicas no es condición suficiente para la estabilidad de precios.
P.: Pero claramente hoy la política fiscal expansiva acelera la inflación.
P.C.: La política de subsidios generalizados es un claro ejemplo de política fiscal procíclica. Al margen del impacto micro en algunos precios concretos desde el punto de vista macroeconómico, aspirar a la estabilidad de precios utilizando subsidios es como pretender apagar un incendio con nafta, ¿o los argentinos que se benefician con esos subsidios no los destinan al consumo, presionando también sobre los precios? Tampoco ayuda a contener la inflación la decisión de subir el mínimo no imponible de Ganancias que libera más ingreso disponible para consumo o el hecho de incorporar casi 1 millón de nuevos jubilados en menos de 6 meses ( moratoria jubilatoria).
P.: ¿Es correcto considerar que la política de acumulación de reservas es anticíclica?
P.C.: No, todo lo contrario, porque en la medida en que implica la adopción de un tipo de cambio cuasifijo es claramente procíclica. Bajo un régimen de tipo de cambio fijo los precios suben por exceso de demanda de bienes y activos domésticos, no por razones monetarias, y por tanto la base monetaria ajusta pasivamente: la esterilización de hoy es emisión de mañana. Ya comprobamos más de una vez que no hay nivel de reservas que sea suficiente cuando el ciclo se revierte, comienza la fuga de capitales y se quiere reconvertir en dólares pesos antes emitidos. Lo importante es no acumular distorsiones macroeconómicas en el sector real para evitar las crisis financieras que «se llevan puestas» las reservas acumuladas en tiempos de bonanza. La estabilidad de precios con respecto al resto del mundo no debe ser la prioridad del BCRA, sino la estabilidad de los precios internos y el nivel de actividad. En el contexto actual significa que los intentos del BCRA por mantener los precios domésticos artificialmente bajos en divisas son inútiles. Entre 1998 y 2001 significaba que los intentos del BCRA por mantener los precios domésticos artificialmente altos en divisas eran igualmente inútiles (como se demostró). En cada caso la economía real «se venga» del tipo de cambio fijo de modo diferente: cuando el tipo de cambio real tiene que subir lo hace con recesión, y cuando tiene que bajar con inflación.
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