Nueva York (EFE) - Latinoamérica aprovechó la tribuna mundial de la ONU para tomarse la revancha contra Estados Unidos y denunciar que la falta de control sobre su sistema financiero tendrá un efecto devastador en los países del Sur. El sismo financiero con epicentro en Estados Unidos disparó todas las alarmas en la comunidad internacional y amenaza con poner en riesgo los Objetivos del Desarrollo del Milenio (ODM) que fijó la ONU para 2015. Los discursos de los dirigentes de 192 países participantes esta semana en la Asamblea de la ONU están dominados por el temor a que el contagio de la crisis de Estados Unidos origine una recesión global.
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En Latinoamérica, donde el sentimiento antiestadounidense tradicionalmente es muy arraigado por lo que se percibe como una política exterior hacia la región de tinte « imperialista», se destaca ahora que las recetas y lecciones económicas que impusieron a los países en desarrollo no se las aplicaron ellos mismos.
Los debates de la 63ª Asambleade Naciones Unidas están siendo escenario de una rebelión de los países emergentes a los que la crisis financiera les ha dado un argumento potente para reclamar una reforma de los organismos internacionales y que las decisiones que afectan a todos no sean decididas sólo por las grandes potencias. Varios presidentes latinoamericanos recordaron en Nueva York que durante años de vigencia de las recetas económicas del denominado «Consenso de Washington» se les dijo que todo lo solucionaba el mercado y que el intervencionismo estatal era cosa del pasado.
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