26 de diciembre 2000 - 00:00

Empresas confían en que caerán las tasas

El megapréstamo conseguido por el gobierno reabre mejores esperanzas para las empresas en el terreno financiero para 2001. Como mínimo, esperan que se vuelva a la situación financiera de precrisis, con restablecimiento del crédito, que para muchos sectores estaba directamente cortado, y una baja sustancial en las tasas de interés, aunque no se solucionen los problemas de fondo y bajo un contexto de muy lenta salida de la recesión.

El hecho de que el gobierno tenga asegurado el financiamiento para 2001 como primera medida aleja el fantasma del default en el sector privado. Sólo en el primer trimestre del año próximo vencen más de $ 2.100 millones de obligaciones negociables (ONs) de las empresas y bancos.

Al atemperarse el efecto de «crowding out», que se produce cuando la plaza financiera se seca por culpa de los importantes requerimientos de fondos que acapara el Estado para financiarse, el pronóstico para las grandes empresas es de un mayor desahogo financiero.

Esto no significa que después de una recesión, que lleva más de 28 meses y que determinó una brusca caída en los volúmenes de facturación, las empresas puedan levantar pagando en efectivo los compromisos a vencer pero sí, y casi con seguridad, la refinanciación de los mismos y a tasas más razonables.

Si bien descartan un boom de inversiones, en esencia las empresas creen que el blindaje les permite un horizonte de mayor previsibilidad basado en cuatro aspectos fundamentales.

Al alejarse el fantasma de la cesación de pagos, las presiones sobre el tipo de cambio tienden a minimizarse.

El rango de tasas de interés será por lo menos mucho más acotado que las bruscas oscilaciones de los últimos meses.

No aumenta el riesgo impositivo, teniendo en cuenta que dentro de los lineamientos de política económica la intención no es aumentar los tributos.

Las empresas, como mínimo, esperan mantener sus niveles de rentabilidad, aunque descartan que por ahora se logre cambiar la ecuación económica.

También a nivel de medianas y pequeñas empresas están cifradas las esperanzas en que el blindaje tranquilice a los bancos y permita abrir los grifos del crédito, que hasta ahora están casi cortados.

«Si se tranquilizan los acreedores y los bancos alientan un poco la confianza volviendo a dar créditos se podrá aliviar la situación financiera de muchas empresas», aseguró el especialista del sector de maquinaria agrícola Hugo Carassai.

La caída experimentada en las ventas de este sector superó 50% de lo alcanzado en el año 1998 y fue aun superior en tractores.
Según Carassai, hoy empresas de primera línea y con balances sólidos están pagando tasas de 16% anual, mientras que las PyMEs están descontando cheques a 3% y 4% mensual y por valores que oscilan en $ 3.000.

Antes de la crisis la empresas medianas solventes pagaban tasas por descuento de cheques de 11% a 12% anual. Con la crisis el costo del dine-ro se les duplicó al pasar a 22% anual como piso.

Pero otra de las características es que no tenían aforo (garantía) por el descuento de cheques. Durante este año la restricción financiera determinó que los bancos comenzaran a pedir 20% de aforo como mínimo.

Garantía

En otras palabras, a una empresa que maneja una cartera promedio de $ 100.000 los bancos, además de las tasas que le cobran por el descuento en sí, le inmovilizan $ 20.000 como garantía.

A todo esto hay que sumarle el recorte de líneas de crédito que vienen soportando. Por ejemplo, a una empresa le limitaron su crédito a $ 50.000, cuando por su capacidad de repago venía trabajando con $ 1.000.000.

Con respecto a los cheques por montos menores (hasta $ 500), la realidad es que terminan pagando más en concepto de comisión mínima que por la tasa a la que les descuentan.

Para Juan Cantarella, de la Asociación de Fábricas de Autocomponentes (AFAC) el blindaje a priori tiene dos efectos. Uno directo que se produce por la baja del riesgo-país y por ende de las tasas de interés, que vuelve rentables proyectos que no lo eran por el alto costo del dinero.
El otro, y en el que confían para reactivar el sector, es el cambio de expectativas en la gente que permita revertir la demanda comprimida de autos de los últimos años.

«Los bienes durables dependen mucho más de las expectativas que quizás de otra variable», asegura Cantarella.

«Más allá del blindaje que despeja la complicada situación financiera del gobierno y con el exterior, acá hay que resolver el problema de la falta de actividad económica con medidas que contemplen la situación grave y delicada del sector metal mecánico», sostienen desde la Cámara de Máquinas y Herramientas. Aseguran que sufren una caída de 60% en las ventas con respecto al año 1998 y que las empresas están virtualmente paralizadas.

Otro de los problemas que aducen es la falta de consistencia en la estructura arancelaria del sector, porque en toda la cadena productiva abonan aranceles más caros que los que pagan los importadores por traer desde el exterior el producto ya terminado. «Competimos con la devaluación del euro y con el financiamiento atado de 3% anual que traen las máquinas del mercado europeo», aseguró un empresario en dialogo con este diario. Dijo además que en el interior las empresas pagan por el descubierto bancario entre un 40 a 50% de interés anual. Confían en que esta situación puede rever-tirse, pero la expectativa es que se retrotraigan más allá del promedio de los últimos dos meses.

Pero insisten en que los problemas que aqueja a la producción de máquinas y herramientas no es sólo de financiamiento sino de demanda por la importante caída de ventas vinculada por la falta de proyectos de inversión.

En definitiva, el panorama financiero para 2001 es más alentador, aunque entre los empresarios siguen existiendo dudas en cuanto a un aumento de la demanda interna que les cambie sustancialmente las proyecciones de ventas y rentabilidad.

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