14 de septiembre 2001 - 00:00

En 70 años, hubo recesión en EE.UU. por las guerras

En los últimos 70 años, EE.UU. tuvo sólo en 15 oportunidades recesión anual y 10 de estas depresiones se dieron en climas de guerra, como la Primera y Segunda Guerra Mundial y la Guerra del Golfo. Hasta el momento nunca un atentado terrorista, de los tantos que vivió la principal economía del mundo, había sido lo suficientemente fuerte como para deprimir la economía (como se estima que sucederá en esta oportunidad), aunque sí para desacelerar su ritmo de crecimiento.

Si se quisiera establecer un paralelo con otras crisis de gran magnitud que haya vivido el país del Norte para proyectar el impacto económico que podría tener el atentado terrorista del martes, sirve como referencia cercana la Guerra del Golfo, que fue la causa de la recesión de 1990 y 1991, la última crisis económica grave que vivió este país. En agosto de 1990, tropas iraquíes invadieron Kuwait. Estados Unidos encabezó una reacción mundial que, tras el fracaso de la diplomacia, en la noche del 17 de enero de 1991 se lanzó una cadena de bombas sobre Bagdad. Más de 100.000 iraquíes y 300 soldados estadounidenses perdieron la vida. Para EE.UU. esa guerra le significó una caída de 0,5% en el nivel de PBI de 1991, después de ocho años de crecimiento sostenido a tasas promedio de 4%, con picos de crecimiento que llegaron a alcanzar 7% anual (en 1983). Si se compara aquel momento con la situación actual, la Guerra del Golfo tomó a EE.UU. en una situación económica mucho mejor que hoy, donde la amenaza de la recesión no estaba hasta ese momento presente.

Otro de los ataques más fuertes que recibió en su historia EE.UU. fue el bombardeo japonés a la base de Pearl Harbor en el Pacífico que se cobró la vida de 2.300 americanos. Ocurrió en 1941, plena Segunda Guerra Mundial, donde EE.UU. era un fuerte abastecedor de armas y alimentos a las economías europeas. Eso explica que, a pesar del ataque, la economía del Norte evitó la crisis y creció 17% ese año, 18% el año siguiente, 16% en 1943 y 8,1% en 1944. Diferente fue la situación con los bombardeos estadounidenses a Hiroshima y Nagasaki en 1945, que en conjunto se cobraron 200.000 víctimas directas. En ese año la producción de EE.UU. cayó 1,2% y la caída se extendió a 11,2% hacia 1946, apuntando otra retracción de 0,7% en el PBI de 1947. Pero 1945 fue el año en que finalizó la guerra, y el deterioro de la producción en ese año y los dos posteriores se debió básicamente a la debilidad de las economías europeas (fuertes demandantes de los productos estadounidenses) que quedaron totalmente devastadas por la guerra. El fin de la guerra le costó a EE.UU. tres años de recesión.

Confianza

Pero, a diferencia de estas oportunidades, la evolución que pueda tener en los próximos meses la economía del Norte dependerá fundamentalmente de una variable: la confianza de los consumidores estadounidenses, que es sumamente sensible y si continúa deteriorándose el impacto sobre la economía es inmediato. Estamos hablando de un país donde el gasto de consumo representa dos tercios de la actividad económica y estamos hablando que el ataque ocurre en un momento donde EE.UU. estaba ya bajo la fuerte amenaza de entrar en recesión. Con un dato no menor: el atentado tuvo lugar en una de las ciudades más ricas del planeta donde el ingreso per cápita anual es de u$s 150.000, 19 veces más alto que en la Argentina.

«En el tercer trimestre, EE.UU. estaba luchando por no caer en recesión, pero el acto terrorista posiblemente lo impida. Quedarán las secuelas de la cancelación de los vuelos, el cierre de los mercados financieros, las pérdidas en comunicaciones, hoteles y aseguradoras», explicó a este diario Luciana Díaz Frers, economista de Fundación Mediterránea, y especialistas en economía internacional. «La mayor incertidumbre impactará sobre la ya baja confianza del consumidor y la alicaída inversión. Y diluirá la atracción de capitales hacia la economía norteamericana», señaló Díaz Frers aclarando que «lo único que puede levantar un poco será el aumento del gasto público en temas de seguridad, defensa y tecnología».

Siguiendo con las analogías, una relación diferente se encuentra cuando se buscan similitudes con ataques terroristas anteriores, donde si bien dejaron secuelas en la economía, en todos los casos fueron secuelas muy suaves. Obviamente, ninguno de los atentados anteriores puede compararse con el del 11 de setiembre. Hasta el momento EE.UU. nunca tuvo un ataque terrorista tan fuerte que haya causado tanta cantidad de víctimas ni pérdidas económicas multimillonarias en ciudades tan estratégicas como Nueva York y Washington.

Uno de los antecedentes más cercanos que le pesan a EE.UU. fue el atentado en
Oklahoma City, el 19 de abril de 1995, que dejó un saldo de 168 muertos y 600 heridos cuando un camión bomba estalló en el centro de la ciudad, delante de un edificio donde funcionaban varias oficinas federales. El incidente conmocionó a los estadounidenses, pero no tuvo la fuerza suficiente como para deteriorar la economía, aunque sí desaceleró su ritmo de crecimiento. En 1995, EE.UU. sólo creció 2,7%, que será el nivel de crecimiento más bajo de la década que tuviera este país. Claro que, en esa oportunidad, EE.UU. se encontraba en un ciclo de crecimiento vigoroso, y que al año siguiente, 1996, volvió a reencauzar con un aumento de 3,6% en su PBI que se extendió por encima de 4% hasta el año 2000.

Otro de los ataques de la década pasada, ocurridos en suelo americano, fue la explosión, también en el
World Trade Center de Nueva York el 26 de febrero de 1993. Seis personas perdieron la vida, y ocasionó pérdidas económicas inmobiliarias por u$s 600 millones. También en esa oportunidad se resintió levemente el crecimiento y la economía en lugar de crecer 4% como estaba previsto, sólo creció 2,7%. Pero no cayó en recesión.

«Los hechos terroristas generalmente tienen una turbulencia de una semana y diez días, y después terminan siendo absorbidos por otros temas. Por eso es difícil proyectar la magnitud del impacto sobre la economía», explica el especialista en economía internacional,
Roberto Bousas.

Coches bomba

Un tercer atentado ocurrido hace algo más de dos años fue el estallido de dos coches bomba en las embajadas de EE.UU. en Africa causando miles de heridos y 224 muertes entre los cuales había 12 estadounidenses. Fue el 7 de agosto de 1998, pero por la lejanía del atentado, el hecho prácticamente no tuvo repercusión sobre la economía norteamericana que siguió su rumbo normal. Ese año el producto bruto nacional se incrementó 4.3% y al año siguiente, 1999, la economía creció otro 4.1%. Otra tragedia que puede recordarse ocurrió el 23 de octubre de 1983, cuando un camión suicida estalla en el cuartel de marines en Beirut matando 241 soldados estadounidenses.



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