Dejemos por un momento de lado lo ocurrido el viernes y concentrémonos en la semana. (desde que arrancó setiembre vienen recuperando terreno, de hecho el contrato futuro "próximo" quedó en u$s 43,99 frente a los u$s 43,17 del viernes anterior), las noticias empresariales (tal vez la baja de las proyecciones de ganancias de Intel haya sido lo más importante), los datos de una macroeconomía que luce cada vez más inconsistente, una cada vez más deteriorada situación geopolítica, unas elecciones presidenciales en las que todavía nadie tiene en claro si hay o no un ganador seguro y por si todo esto fuera poco un par de tornados asolando los estados costeros cuyo costo todavía no ha sido cuantificado. Que las acciones hayan ganado terreno en este escenario, debiera ser un motivo de alegría, o al menos una señal que los inversores están apostando a algo que no es el día a día. Sin embargo, preferimos no sonreír todavía. En parte porque el viernes se volvió a romper la marca de volúmenes mínimos para lo que va del año (apenas 921 millones de acciones en el NYSE y 1.253 en el NASDAQ, insistimos que esto es muy poco) y en parte porque como cualquier veterano del mercado que se precie, somos un poco supersticiosos. Es que la tradición marca que setiembre no sólo es un mes "confesional" (las empresas adelantan sus resultados para el trimestre) sino que ha sido recurrentemente el mes más negativo del año para los tenedores de acciones.
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