10 de enero 2001 - 00:00

En Uruguay hay pocos argentinos

Las autoridades del Ministerio de Turismo de Uruguay prefieren tratar de tapar el cielo con un harnero: según un comunicado oficial del organismo, «el ingreso de turistas (a ese país) creció 11,7% en el inicio de la temporada estival y el mayor crecimiento fue de visitantes argentinos».

Lo que omite informar la estadística es que gran parte de esos argentinos que las autoridades orientales indican como «turistas» son apenas viajeros que atraviesan Uruguay en ruta a su real destino: las playas del sur de Brasil.

En los seis primeros días de 2001 llegaron a Uruguay 71.986 «turistas», frente a los 64.460 en igual período del año 2000. El número de viajeros provenientes de la Argentina creció 14,6%, pasando de 55.488 en el año pasado a 63.598 en los primeros días de este año, de acuerdo con cifras de la Dirección Nacional de Migración. Pero está claro que gran parte de esos «turistas argentinos» cruzó la frontera poco después en dirección a los estados de Santa Catarina, Rio Grande do Sul o incluso más al Norte.

Las cifras son reveladoras: en los seis primeros días de enero 47.298 argentinos, o sea 8,1% más que un año antes, salieron del país; 12.475 de ellos por la ciudad uruguaya de Rivera, separada de la brasileña Santana do Livramento apenas por una calle de doble mano. Hace un año los turistas argentinos que salieron de Uruguay hacia Brasil por la ciudad de Rivera fueron -según las estadísticas orientales-11.426.

Otros orígenes

La ausencia de argentinos en los principales balnearios uruguayos no logró ser compensada por la llegada de visitantes desde otros países. El número de turistas arribados desde Paraguay se incrementó 3,9% (de 1.337 a 1.389, o sea 52 turistas más) pero cayó 4,0% el ingreso de brasileños y 26,9% la llegada de turistas chilenos.

Las autoridades orientales, desde mediados de noviembre, desarrollaron una campaña publicitaria en algunos medios argentinos para tratar de atraer a los turistas que nunca habían veraneado en ese país. No sólo no surtió efecto entre los «neófitos»; tampoco logró retener a los habitués, que en masa prefirieron pasar sus vacaciones en lugares turísticos argentinos y, en menor medida, en Brasil.

Fuentes del
Ministerio de Turismo justificaron este fracaso sólo en que los precios que se pagan tanto en los balnearios argentinos como en gran parte del territorio brasileño son mucho más ventajosos que los que se oblan en territorio uruguayo.

De nuevo, las autoridades uruguayas prefieren ver apenas una parte de la foto:
no sólo los precios «echaron» a los argentinos de Uruguay; también la falta de servicios, el endémico descuido de los balnearios, el trato descomedido de sus agentes del orden hacia el turismo y los injustificables abusos en lo que cobran tanto sus super-mercados como la hotelería y la gastronomía. Las consecuencias están a la vista.

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