En Wall Street temen un crac si se recupera Japón
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El auge de los bonos en yenes es también otra carta arriesgada. En los últimos meses, muchos inversores han reanudado las llamadas operaciones compuestas («carry trades») en yenes. La estrategia explota la enorme brecha que existe entre las tasas de interés estadounidenses y las japonesas. Los administradores de carteras y los bancos piden dinero prestado en yenes de bajo costo (a tasas de alrededor de uno por ciento) y reinvierten los fondos en pagarés del Tesoro estadounidense con un rendimiento mayor. Si los inversores japoneses empezaran a apostar a que se acerca una mejor racha económica, y los rendimientos de los bonos y las tasas de interés suben, podrían tener que vender sus pagarés para pagar sus préstamos en yenes. Las ventas japonesas de gran escala podrían afectar considerablemente al mercado estadounidense de bonos. Si los japoneses vendieran enormes bloques de pagarés de la Tesorería, las tasas de interés estadounidenses podrían dar un salto. El tambaleante mercado accionario no aceptaría de buena gana el encarecimiento de los créditos. «Un mejor ambiente de inversión en Japón sería un enorme problema para los mercados estadounidenses», dice Michael Lee, vicepresidente del departamento de acciones asiáticas de Independence Investment Associates en Boston.
La economía de Japón continúa frágil. Datos recientes sugieren que podría contraerse una vez más, mientras la deflación permanece a flote. El disfuncional sistema bancario de la nación continúa pesando sobre una economía en desaceleración debido al crecimiento mundial y nacional a la baja.
El atribulado mercado accionario sólo está empeorando las cosas para los bancos, conforme las acciones que tienen en los balances generales pierden valor.
El Nikkei cayó 36% en el año fiscal que terminó el 31 de marzo. Aunque las acciones hicieron que algunos se adelantaran a la fecha de cierre del sábado pasado, gran parte de la ganancia reflejó la compra gubernamental de acciones. Esos esfuerzos podrían acelerarse: el partido gobernante de Japón planea usar plata del gobierno para crear un fondo que compraría acciones que están en manos de los bancos de la nación. La estrategia, encaminada a detener un deslizamiento de las acciones que ya lleva un año, recabaría dinero mediante ventas de bonos, agruparía las acciones como fondos comunes de inversión y vendería acciones a inversores.
Este es otro ejemplo de Japón tratando los síntomas de su mal (acciones débiles), en lugar de combatir el mal subyacente: una economía moribunda.
Optimismo
No obstante, en algunos círculos crece la optimista creencia de que las perspectivas de Japón están mejorando. «Considero que hemos visto el fondo en el corto plazo y que este repunte durará un tiempo con la ayuda de la política de facilitación del Banco de Japón», dice Toru Ohara, director de inversión en Franklin Templeton Investments Japan Ltd. en Tokio. Tal optimismo podría retirar un importante apoyo a los pagarés de la Tesorería estadounidense.
Con frecuencia, las versiones de que los japoneses venderán asumen un carácter de conspiración. Si Tokio y Estados Unidos están en una disputa comercial o ambiental, empieza a correr el rumor en los mercados de que el gobierno les pedirá a los inversores que vendan sus activos estadounidenses. Es como si se imaginaran a los funcionarios en Tokio conspirando con los inversionistas y diciéndoles: «Mañana a las tres de la tarde queremos que se deshagan de todos sus bonos de la Tesorería y repatrien los fondos o de lo contrario...»
A pesar de que podría sonar demasiado simplista, el ex primer ministro Ryutaro Hashimoto dio crédito a dichos temores en junio de 1997. «De hecho -dijo en la Universidad de Columbia-, muchas veces en el pasado nos hemos sentido tentados a vender grandes bloques de bonos de la Tesorería estadounidense.»
Una de esas ocasiones, dijo Hashimoto, fue durante las negociaciones de Japón con Estados Unidos por las ventas de autos. O cuando «el tipo de cambio sufrió variaciones extremas, y el pueblo estadounidense hizo poco y se enfocó en sus cuestiones internas». Hashimoto resumió las cosas de la siguiente manera: «Nos sentimos muy tentados en esas ocasiones. Sin embargo, en términos de administración de fondos, no tomamos el camino más ventajoso».




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