9 de abril 2001 - 00:00

En Wall Street temen un crac si se recupera Japón

Washington - Con frecuencia se dice que Estados Unidos ha construido una economía grande y productiva en el curso de los años, y que Japón tiene la hipoteca.

La idea es que Estados Unidos se ha vuelto dependiente de los miles de millones de dólares que los inversores japoneses inyectan a su economía cada año. El dinero ayuda a Estados Unidos a financiar su abismal déficit de cuenta corriente, manteniendo a los rendimientos de los bonos abajo y a los precios accionarios arriba. No es de sorprenderse que el solo pensamiento de una salida masiva de dólares provenientes de Japón mantenga despiertos por la noche a algunos estrategas de Washington e inversores de Nueva York.

El riesgo se presentó en varias ocasiones en los últimos años, afectando al mercado de Bonos del Tesoro norteamericano. Podría volver a surgir en los próximos meses si Tokio cumple sus promesas de impulsar la economía japonesa y dar nuevos bríos al mercado accionario a la baja.

«Podrían ser noticias verdaderamente malas para el mercado estadounidense de bonos si los inversores regresaran súbitamente a Japón para participar en el repunte del Nikkei», dice Michael McGlone, analista de bonos de Aubrey G. Lanston & Co. en Nueva York.

Los inversores japoneses todavía están lejos de los principales compradores de pagarés del Tesoro estadounidense; a fines de enero tenían alrededor de $ 330.000 millones de los bonos del Tío Sam, en comparación con los $ 205.000 millones en manos de inversores británicos y los $ 87.000 millones que tienen en Alemania.

Incluso señales tentativas de una mejoría podrían ser suficientes para impulsar al mercado accionario de Japón. Analistas en Tokio están llenando el ambiente de comentarios optimistas sobre los esfuerzos del gobierno para estabilizar al mercado accionario y la reciente decisión del Banco de Japón de impulsar la masa monetaria. Dada la frágil condición de Estados Unidos y la tendencia a la baja del yen, no sería sorprendente que más inversores japoneses optaran por mantener su dinero en su país. Esto podría retirar un importante apoyo de los bonos estadounidenses.

El auge de los bonos en yenes es también otra carta arriesgada. En los últimos meses, muchos inversores han reanudado las llamadas operaciones compuestas («carry trades») en yenes. La estrategia explota la enorme brecha que existe entre las tasas de interés estadounidenses y las japonesas. Los administradores de carteras y los bancos piden dinero prestado en yenes de bajo costo (a tasas de alrededor de uno por ciento) y reinvierten los fondos en pagarés del Tesoro estadounidense con un rendimiento mayor. Si los inversores japoneses empezaran a apostar a que se acerca una mejor racha económica, y los rendimientos de los bonos y las tasas de interés suben, podrían tener que vender sus pagarés para pagar sus préstamos en yenes. Las ventas japonesas de gran escala podrían afectar considerablemente al mercado estadounidense de bonos. Si los japoneses vendieran enormes bloques de pagarés de la Tesorería, las tasas de interés estadounidenses podrían dar un salto. El tambaleante mercado accionario no aceptaría de buena gana el encarecimiento de los créditos. «Un mejor ambiente de inversión en Japón sería un enorme problema para los mercados estadounidenses», dice Michael Lee, vicepresidente del departamento de acciones asiáticas de Independence Investment Associates en Boston.

La economía de Japón continúa frágil.
Datos recientes sugieren que podría contraerse una vez más, mientras la deflación permanece a flote. El disfuncional sistema bancario de la nación continúa pesando sobre una economía en desaceleración debido al crecimiento mundial y nacional a la baja.

El atribulado mercado accionario sólo está empeorando las cosas para los bancos, conforme las acciones que tienen en los balances generales pierden valor.

El Nikkei cayó 36% en el año fiscal que terminó el 31 de marzo.
Aunque las acciones hicieron que algunos se adelantaran a la fecha de cierre del sábado pasado, gran parte de la ganancia reflejó la compra gubernamental de acciones. Esos esfuerzos podrían acelerarse: el partido gobernante de Japón planea usar plata del gobierno para crear un fondo que compraría acciones que están en manos de los bancos de la nación. La estrategia, encaminada a detener un deslizamiento de las acciones que ya lleva un año, recabaría dinero mediante ventas de bonos, agruparía las acciones como fondos comunes de inversión y vendería acciones a inversores.

Este es otro ejemplo de Japón tratando los síntomas de su mal (acciones débiles), en lugar de combatir el mal subyacente: una economía moribunda.

Optimismo

No obstante, en algunos círculos crece la optimista creencia de que las perspectivas de Japón están mejorando. «Considero que hemos visto el fondo en el corto plazo y que este repunte durará un tiempo con la ayuda de la política de facilitación del Banco de Japón», dice Toru Ohara, director de inversión en Franklin Templeton Investments Japan Ltd. en Tokio. Tal optimismo podría retirar un importante apoyo a los pagarés de la Tesorería estadounidense.

Con frecuencia, las versiones de que los japoneses venderán asumen un carácter de conspiración. Si Tokio y Estados Unidos están en una disputa comercial o ambiental, empieza a correr el rumor en los mercados de que el gobierno les pedirá a los inversores que vendan sus activos estadounidenses. Es como si se imaginaran a los funcionarios en Tokio conspirando con los inversionistas y diciéndoles:
«Mañana a las tres de la tarde queremos que se deshagan de todos sus bonos de la Tesorería y repatrien los fondos o de lo contrario...»

A pesar de que podría sonar demasiado simplista, el ex primer ministro Ryutaro Hashimoto dio crédito a dichos temores en junio de 1997. «De hecho -dijo en la Universidad de Columbia-, muchas veces en el pasado nos hemos sentido tentados a vender grandes bloques de bonos de la Tesorería estadounidense.»

Una de esas ocasiones, dijo Hashimoto, fue durante las negociaciones de Japón con Estados Unidos por las ventas de autos. O cuando «el tipo de cambio sufrió variaciones extremas, y el pueblo estadounidense hizo poco y se enfocó en sus cuestiones internas». Hashimoto resumió las cosas de la siguiente manera: «Nos sentimos muy tentados en esas ocasiones. Sin embargo, en términos de administración de fondos, no tomamos el camino más ventajoso».

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