¿Es ya China motor suplente de EE.UU. en economía mundial?
Con Estados Unidos acechado por el fantasma de la recesión, China gana terreno como motor de la economía mundial: sostiene al dólar, compra bonos del Tesoro y financia el déficit estadounidense, demanda de manera insaciable materias primas y cada vez más crece como inversor extranjero. Quizá las razones políticas sean las que impidan reconocer su papel de amortiguador de la crisis que jugará en los próximos años.
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A diferencia de México, América Central y el Caribe, los países sudamericanos estarían más protegidos de las consecuencias de un eventual contagio de la crisis norteamericana, porque sus economías dependen hoy antes que nada del auge chino que ha sostenido el precio de los commodities. El ingreso de China al mercado de las materias primas devolvió energía a un sector que conocía dificultades recurrentes debido a las sobreproducciones y sus consecuentes caídas de precios. El país asiático demanda cantidades crecientes de materias primas para sus industrias y alimento para su población. Pero su papel en el mundo ya no se limita a eso.
El inversor y diplomático estadounidense Félix Rohatyn, actualmente asesor de Lehman Brothers, advertía en mayo de 2006 que «cada vez más, los principales exportadores mundiales -China, Japón y los productores de petróleo- reciclarán el capital que han acumulado en la adquisición de activos norteamericanos para integrar la economía del mundo desarrollado. La compra por China de bonos del Tesoro estadounidense le permitió a EE.UU. financiar la importación a gran escala de productos chinos. Tarde o temprano, Pekín podría encarar una re-inversión más agresiva de esos fondos. Podría decidir comprar en masa acciones norteamericanas».
Ese tiempo ya ha llegado. No son sólo las colocaciones chinas en bonos del Tesoro -70% de su gigantesca reserva en divisas- sino el auxilio dado a los bancos norteamericanos Bear Stearns y Morgan Stanley, en dificultades.
En concreto, no sólo está China reactivando las economías en desarrollo gracias a su sostenida demanda de materias primas, sino que, junto con la India y otras economías emergentes, está protagonizando una reversión de la tendencia a la deslocalización de empresas de los países centrales hacia la periferia. Allí donde no le oponen trabas de tipo nacionalista, está comprando empresas enteras o acciones de multinacionales y bancos en países industrializados.
Pekín creó además la China Investment Corporation, un fondo soberano estatal, que, con una dotación de al menos u$s 200 mil millones, es decir una pequeña parte de su superávit comercial, ha iniciado la compra de acciones en sociedades de países centrales. Ya ha tomado el control de 10% de la Banca Morgan Stanley y de Blackstone, el primer fondo de inversiones de los Estados Unidos, entre otros. Por razones políticas, difícilmente se reconozca el papel de amortiguadorde la crisis que China jugará en los próximos tiempos. La culpabilización de ese país es fácil de instalar en una opinión pública -estadounidense y europea especialmente- que ve a la mano de obra barata de ese país, como la principal responsable de la destrucción de empleos en los suyos.
Sin embargo, la realidad es que las colocaciones chinas en bonos del Tesoro norteamericano financian el descontroladodéficit estadounidensey evitan un mayor debilitamiento de la divisa norteamericana.
Sostén del dólar, financista del déficit estadounidense, demandante insaciable de materias primas, paso a paso importante inversor extranjero: ¿es China ya el nuevo motor de la economía mundial? Por lo pronto, parece que 2008 la tendrá, en buena medida, como poderoso motor de relevo.




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