El fiscal precisó que los afectados son «ciudadanos ordinarios que buscaban inversiones conservadoras, en un sector que es percibido como más seguro y más fácilmente predecible que las acciones». «En realidad, nunca tuvieron ganancias (los ciudadanos ordinarios), pues el dinero fue a parar a firmas con nombres pomposos como Madison Dean, o Morgan Montgomery Sterling o cualquier otro nombre falso», explicó