Ayer, el vocero del Fondo Monetario, Thomas Dawson, anunció el envío de una nueva misión al país dentro de 15 días. La llegada estaba prevista originalmente para principios de junio, pero la crisis energética y el temor a que el gobierno aumente el gasto público provocaron el adelantamiento de las fechas. Comenzará así una larga negociación con el gobierno, aunque al menos hay un dato a favor: no hay vencimientos de pagos con el FMI por montos significativos, lo que indica que no hay peligro inmediato de un default total. Es bien diferente por ello a lo acontecido en marzo. Pero las discusiones empiezan a basarse en los temas que siempre fueron postergados. Puntualmente, la renegociación de la deuda, la reforma del sistema financiero y la nueva coparticipación de impuestos. Sobre este último punto, ayer John Dodsworth, representante del FMI en la Argentina, fue al Senado y abrió las puertas a un mayor plazo para que se concreten los cambios.
Sobre las negociaciones con la Argentina señaló que en cuanto al superávit fiscal primario hay un objetivo para este año determinado en el acuerdo y dijo que los resultados de la economía podrían sorprender.