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1 de octubre 2002 - 00:00

FMI: dos tipos de acuerdo, según el consenso que se logre

Se confirmó ayer, con un comunicado discreto, que la Argentina se encamina hacia un miniacuerdo con el Fondo Monetario Internacional. Se ratifica así el avance de las negociaciones que llevaron adelante Roberto Lavagna, Aldo Pignanelli y Eduardo Amadeo. Las novedades sobre un entendimiento se produjeron después de que los argentinos se reunieran con Horst Köhler y Anne Krueger, ayer por la tarde. Las tratativas continuarán por un mes y pueden desembocar en dos tipos de acuerdo distintos. Uno, circunscripto a los compromisos que puede asumir Eduardo Duhalde, se extendería hasta que finalice su mandato en mayo próximo. Para alcanzar un convenio más extenso con el Fondo haría falta un pacto político que incluya al Congreso, los gobernadores y los candidatos presidenciales, tal como sugirió Köhler en su carta a Duhalde, la semana pasada. Si se lograra un tejido de esta naturaleza, la Argentina podría aspirar a un acuerdo más extenso, hasta diciembre de 2003 (fecha sugerida por Krueger) y con algunas ventajas atractivas. Por ejemplo, la reposición de los desembolsos ya realizados por el país con los organismos internacionales, que suman en lo que va del año u$s 3.500 millones. Un beneficio para atraer a los gobernadores, aunque el esfuerzo político exceda las habilidades que está acostumbrado a exhibir el gobierno de Duhalde.

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Singh expuso su criterio durante la comida que compartió con Lavagna,


Lavagna se preocupó ayer por aclarar que existe un solo tipo de acuerdo con el Fondo. Sin embargo, entre los funcionarios de ese organismo, en Washington, se trabaja con dos hipótesis distintas. Una, la de un acuerdo que involucre exclusivamente a Duhalde y que se extendería hasta la finalización de su mandato, acaso un mes más. Otra, que presume la posibilidad de un convenio más ambicioso, que envuelva a los actores que tendrán responsabilidades más allá de esta administración. Por eso cubriría un lapso como el que sugirió Krueger la semana pasada, hasta fines de 2003. Esta segunda ecuación, que implicaría un contrato con la firma de los candidatos, los gobernadores y el Congreso, requiere una capacidad de negociación que muy probablemente exceda al gobierno de Duhalde. Acaso sea por esto que Lavagna pretende ignorar tal posibilidad, que hablaría de un fracaso si se muestra inalcanzable. Además, el ministro está algo resignado a que el gobierno que integra haya perdido la credibilidad de los demás estados y del Fondo: «En realidad, todos creen lo que dijo Köhler a los periodistas en el 'off the record' de la semana pasada; que somos como chicos que hacen promesas con los dedos cruzados, para no cumplirlas», suele decir Lavagna en estos días. Sin embargo, Köhler es un obsesivo del acuerdo político, sobre todo, por la buena experiencia que tuvo con Turquía.

Así como cada uno de estos «contratos» tiene diversa extensión por las obligaciones que encierra, también abriría la puerta a distintas prestaciones. Un acuerdo «corto», reducido al gobierno de Duhalde, supone exclusivamente la reprogramación de los compromisos que se presenten durante ese plazo.

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