Si algo no esperaba Paul O'Neill es que el Fondo Monetario Internacional lo convirtiera en un vulgar ministro de economía latinoamericano, precisamente cuando él se pasea por los países de la región, dando cátedra desde las alturas de la Secretaría del Tesoro de los Estados Unidos. Sucede que ayer el Fondo afirmó, palabras más palabras menos, que el plan de O'Neill no es «sustentable», por usar sus términos.
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En el relatorio anual sobre el desempeño económico de los Estados Unidos, los directores del FMI sostuvieron que el gobierno de George Bush debería aumentar los impuestos para equilibrar el presupuesto y también advirtieron que los subsidios agrícolas aprobados van a perjudicar a los contribuyentes del país. Según el FMI la recuperación económica debería continuar a pesar de la caída de los índices económicos aunque «los riesgos de caída fueron intensificados».
O'Neill recibió la mala noticia provista por el Fondo mientras comía en Leblón con Pedro Malan (ministro de Hacienda brasileño), Arminio Fraga (presidente del Banco Central) y Pedro Parente (economista jefe de la Casa Civil de Fernando Henrique Cardoso). Fue en la casa de Fraga, en Rio de Janeiro, el domingo por la noche. Ayer viajó a Brasilia y el periodismo le buscó la lengua durante todo el día para que ratifique o corrija su opinión acerca de que las ayudas directas a países del Cono Sur pueden terminar en cuentas suizas. Como después rectificó ese juicio, le preguntaron a O'Neill cuál de las dos veces había sido sincero. Prefirió no contestar.
El gobierno brasileño lo trató cordialmente -ayer se entrevistó con Fernando Henrique Cardoso- pero con alguna distancia: no se tomaron fotos ni imágenes del encuentro del secretario del Tesoro con el presidente y tampoco con Malan. Es la manera que tiene la diplomacia para indicar frialdad.
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