Confía Argentina en que Biden no querrá el mayor default en la historia del FMI

Economía

“Sería un desastre para los dos. Para el Fondo Monetario Internacional (FMI) y para nosotros. Y tampoco creo que la gente de Joe Biden quiera comenzar su gestión en el mundo financiero internacional con el default más grande en la historia del organismo. Pero la verdad es que aún las partes estamos lejos”. Una muy alta fuente del “ala política” del Gobierno, pero por encima del equipo económico, reflexionaba ante este diario el fin de semana sobre la real situación de las negociaciones entre el país y el FMI que se retomaron la semana pasada. Y que, sumando los puntos debatidos durante el último tramo del 2020, puede dar un panorama sobre la verdadera situación de las negociaciones; que esta semana continuarán aun de manera virtual. La definición de la fuente se completa con la frase sobre las expectativas oficiales de llegar a buen puerto en los tiempos estipulados, y que limitan las discusiones hasta fines de abril para llegar a mayo con el acuerdo aprobado y poder así evitar un default también con el Club de París. Según el funcionario, el acuerdo hoy es “improbable, pero no imposible”.

Según las conclusiones que se pueden sacar de los primeros tiempos del 2021 de contactos entre las partes, hay acuerdo en algunos puntos importantes. Argentina y el FMI, tal como adelantó este diario, coinciden en que el déficit local debe cubrirse más con la colocación de deuda que con la emisión de pesos. También en que se debe potenciar el lanzamiento de pasivos en pesos y no en divisas. Otro punto de acuerdo, curiosa y sorpresivamente para el organismo, son los resultados en la evolución de las reservas desde diciembre hasta la primer quincena de enero; donde hubo una recuperación acumulada de casi u$s1.000 millones. Y las expectativas que la tendencia continúe en lo que resta de enero y febrero; al menos hasta la ansiada llegada de las divisas sojeras de marzo a mayo. Hay además coincidencias en cuanto a la alternativa de un sendero de tres años hasta lograr el equilibrio fiscal y la posibilidad que Argentina comience a pagar parte del capital adeudado (unos u$s44.800 millones) desde el 2025 en adelante. Finalmente, y no poco importante, se supone que la tasa de interés del acuerdo Facilidades Extendidas navegará cerca del 1,5%, la menor que puede ofrecer el FMI al mundo.

Sin embargo las distancias en otros capítulos, todos clave, son muchas. Las discusiones sobre la política fiscal, monetaria, cambiaria y, fundamentalmente, en el equilibrio sustentable de las variables macroeconómicas; las partes están muy lejos. Tampoco hay acuerdo sobre los tiempos del “Facilidades Extendidas” ni de los montos anuales que Argentina debería liquidar. El país quiere un acuerdo inédito a más de 10 años. En lo posible 20 temporadas, que le permita pagos de no más de u$s2.000 o u$s3.000 millones anuales. El FMI se niega a la alternativa y habla de acuerdos de 7 a 10 años comenzando a contar desde la misma firma y aprobación del board. Y, lo más grave políticamente hablando, el FMI exige controles trimestrales a los que el ala política argentina se niega a aceptar.

Así las cosas, todo dependerá de lo que se pueda avanzar en las próximas semanas; pero, más importante, de lo que suceda desde que Joe Biden asuma la presidencia de los Estados Unidos. Y de lo que Janet Yellen imponga sobre el nuevo mundo financiero internacional. El próximo jefe de Estado de los Estados Unidos asumirá esta semana; pero se supone que recién para comienzos de febrero comenzará la toma de decisiones que involucren a los organismos financieros internacionales. Se supone que en algún momento sonará el teléfono del ahora embajador de ese país en el FMI, el exhombre de Wall Street Mark Rosen; a quien se le pediría la renuncia para la llegada a ese cargo de algún hombre o mujer cercana a los pensamientos de Yellen. Rosen, de buen diálogo con su colega argentino Sergio Chodos, no veía hasta acá con malos ojos la posibilidad de un voto no negativo para el país. Sin embargo esperaba instrucciones de su jefe máximo, el casi expresidente Donald Trump. Ahora, lo que ocurra hacia delante, dependerá de la política que imponga la próxima administración; la que, por ahora, es un misterio para el caso argentino.

El directorio del FMI se reunirá para tratar este tema en algún momento entre la segunda quincena de febrero y marzo. Allí habrá un veredicto casi final. Como se trata de un acuerdo fuera de lo común, el Fondo requiere de la aprobación del 85% de los votos con lo que, inevitablemente, se tendrá que contar con la mano levantada de EE.UU. Se llega aquí a un cuello de botella, por las circunstancias políticas del caso. El voto imprescindible de este país (16% del total) se da en medio del cambio radical de gestión con la llegada de Joe Biden y la salida de Donald Trump. Desde Buenos Aires surge en este punto una especulación: se cree que Biden no querrá comenzar su gestión financiera internacional hacia los países en desarrollo, con un default de la deuda más importante que el FMI haya tenido en su historia. La generada por el gobierno de Mauricio Macri con el organismo financiero internacional en la era Christine Lagarde.

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