Guzmán blanqueó que el sendero fiscal es punto que traba el acuerdo con el FMI y pidió apoyo

Economía

El Gobierno plantea un camino gradual para alcanzar el equilibrio primario en 2027. El Fondo lo rechaza y pide un ajuste más rápido. Qué se discute sobre crecimiento, reservas, tasas, emisión.

Luego de más de un año de conversaciones privadas, el Gobierno finalmente abrió al conjunto de la sociedad el marco de la negociación con el Fondo Monetario Internacional y dio detalles sobre algunos de los focos de tensión. Fue ayer en una reunión con gobernadores y representantes de las provincias, que se transmitió en vivo y con la cual el Ejecutivo buscó sumar apoyos internos a su propuesta de programa para refinanciar la deuda de u$s45.000 millones que tomó Mauricio Macri en 2018.

Allí, Alberto Fernández afirmó que la negociación entró en “momentos de definiciones”, al tiempo que Martín Guzmán explicitó que el sendero fiscal es hoy “el punto donde no hay acuerdo” con el staff técnico y la principal traba para avanzar en un programa que de cualquier manera condicionará a la economía argentina durante los próximos años. En otras palabras, luego de alcanzar puntos de entendimiento en otras aristas claves, es el ritmo de ajuste (y, por ende, las posibilidades de sostener la recuperación de la actividad económica) el foco principal de la discusión.

La reunión se extendió por algo más de dos horas. Luego de una breve presentación a cargo del Presidente, el ministro de Economía realizó una extensa exposición que repasó el proceso de endeudamiento durante el Gobierno de Juntos por el Cambio, buscó dimensionar el condicionamiento que implica para el país la magnitud de la deuda externa, analizó las características de la negociación en curso y blanqueó algunos de los detalles de la propuesta oficial.

Sin verbalizar muchos de los números, Guzmán mostró a través de filminas algunos gráficos del plan oficial para ordenar de forma gradual las tres variables claves que luego monitorearán de forma trimestral los enviados de Washington (y en función del desempeño autorizarán o no los desembolsos): el sendero fiscal, el sendero de acumulación de reservas internacionales y el financiamiento monetario de la política fiscal. Según señaló el ministro, el Gobierno propone para esos tres criterios metas en formato de rangos, de acuerdo a eventuales contingencias que se puedan presentar en la economía.

El gráfico correspondiente al resultado primario plurianual del sector público nacional no financiero muestra que la proyección oficial es ir hacia un déficit que en 2022 sea apenas inferior a los alrededor de 3 puntos del PBI con los que cerró 2021 (bien por debajo del 4,5% que se había presupuestado originalmente) para luego avanzar en un sendero de reducción gradual de aproximadamente medio punto del producto por año. El equilibrio primario se alcanzaría en torno a 2027 y luego se avanzaría en un superávit que se estabilizaría en cerca del 1% a partir de 2029.

Según la explicación de Guzmán y Fernández, esta sería la forma de recortar el déficit fiscal sin realizar un ajuste del gasto público gracias a la mejora de la recaudación que generaría la continuidad de una reactivación apuntalada por políticas expansivas. “Si se pudiese reducir más rápido el déficit sobre la base del crecimiento, como ocurrió este año, bienvenido sea”, dijo el ministro. Con todo, esa hoja de ruta contempla el descongelamiento de las tarifas para reducir subsidios (sin tarifazos, prometió el Presidente) y focalizar el gasto en infraestructura, ciencia y educación, entre otros ítems.

Aquel sendero es el que objeta el staff del Fondo a instancias de las potencias económicas que tienen la batuta del Directorio Ejecutivo del organismo, principalmente Estados Unidos. Si bien Guzmán evitó mencionar los números del sendero fiscal que exige el FMI, dejó en claro que la burocracia de Washington presiona por un ajuste más acelerado, como ya había contado Ámbito.

“La palabra ajuste está desterrada en la discusión. Queremos que todos unamos esfuerzos para plantearle a los países acreedores que, si la solución al problema de la deuda es que las sociedades se posterguen y dejen de crecer, esa no es una buena solución. Esa es la lógica central de nuestro planteo”, sintetizó Fernández, quien también aseguró que una prioridad del Gobierno es que los salarios recuperen poder adquisitivo.

De hecho, uno de los ejes centrales que atravesó la reunión fue el pedido de apoyo a esa estrategia de negociación de parte del Gobierno a la oposición y al círculo rojo. Algo que, como ya se evidenció en las idas y vueltas de la convocatoria a este encuentro, no es del todo seguro que ocurra. Más aún cuando actores de Juntos por el Cambio, que apuestan por volver a gobernar en 2023, pugnan porque el Ejecutivo actual “haga el trabajo sucio” con un ajuste más acelerado.

Guzmán señaló que se consiguió el respaldo de varios países a la propuesta oficial, pero aclaró que “no hay apoyo de toda la comunidad internacional y por eso no hay acuerdo en la política fiscal”. “Es una cuestión de intereses en juego”, afirmó.

Política monetaria y tasas

Respecto de las otras dos variables claves de la negociación, Guzmán trazó situaciones disímiles. En el caso del sendero de reducción del financiamiento del Tesoro con emisión monetaria del Banco Central, la discusión está ligada a lo que finalmente se pacte en relación a lo fiscal. La meta volcada en la filmina planteó reducirla de alrededor de 4% del PBI en 2021 a 1,8% en 2022 (en línea con el rechazado proyecto de Presupuesto), un muy leve repunte en 2023 y luego un descenso sostenido para llegar a 0% en 2028.

“Si hubiese apoyo de la comunidad financiera internacional que habilite crédito de otros organismos multilaterales, ayudaría a reducir el financiamiento monetario más rápido”, amplió.

En el plano monetario, el funcionario repasó otros puntos en los que hay principios de entendimiento, como en ir hacia tasas reales positivas que apuntalen el ahorro en pesos, readecuar la estructura del mercado financiero local para favorecer la inversión y el financiamiento público, y reducir el stock de pasivos remunerados del BCRA. Sobre esto último, Guzmán dijo que consideran que los Pases a siete días son un instrumento distorsivo y adelantó que trabajan en medidas al respecto.

En cuanto a las tasas, el mercado espera un inminente anuncio de suba de la tasa de interés de referencia, que permanece estable en 38% desde noviembre de 2020. El BCRA analiza una posible alza desde el mes pasado, en línea con lo que había pedido el staff del organismo tras la visita de una comitiva del Gobierno a Washington.

Fuentes oficiales consultadas por Ámbito evitaron dar precisiones sobre los próximos pasos y el momento de los eventuales movimientos. Aunque el tema podría ser tratado en la reunión de directorio que se realizará este jueves. El Ministerio de Economía ya se adelantó y en la última licitación de deuda en pesos de 2021 convalidó un alza de los rendimientos nominales de alrededor de medio punto porcentual, que se sumó a los leves ajustes al alza que venía realizando en los meses previos.

Reservas

En cuanto al frente de las divisas, Guzmán aseguró que se alcanzó un entendimiento sobre que la llamada restricción externa es el principal problema estructural del país. Así, planteó que se negocia sostener un “tipo de cambio real consistente con la evolución del superávit comercial y la acumulación de reservas” y continuar con controles de capitales para evitar una fuga masiva de dólares, como la que el FMI avaló que ocurra con el préstamo a Macri pero que luego cuestionó en la Evaluación Ex Post. “Se busca converger a regulaciones macroprudenciales donde se aliente la inversión en la economía real pero se desalienten los fondos de corto plazo que buscan especular”, dijo. En cuanto a la meta de acumulación de reservas, que fue un punto de tensión clave, señaló que hay un aval a la idea de un sendero de crecimiento de entre u$s3.000 y u$s4.000 millones por año.

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