29 de enero 2001 - 00:00

"Francia, presente en el patrimonio arquitectónico de Buenos Aires"

En los tiempos en que en la Argentina «se pagaba en inglés y se pensaba en francés» ...y no era nuevo esto. Siempre, desde los albores de la independencia, la moda cultural, desde el pensamiento de los románticos de la generación del '37 hasta las novedades en la arquitectura y el diseño de nuestros jardines, se impuso directamente desde Francia, a través de la ciudad puerto que dejaba de ser la gran aldea.

Modelos incipientes de esta arquitectura nos quedan en el reconstruido pórtico de nuestra Catedral metropolitana y en la Sala de Sesiones de la Antigua Junta de Representantes, que guarda en la Manzana de las Luces los rumores de nuestra primera historia parlamentaria, ambos testimonios de nuestra arquitectura poscolonial debidas al Maestro Próspero Catelin.

 Elegancia

Pero en la Argentina moderna que proyectan los hombres del '80, la que hace un siglo se posicionaba entre los diez países más ricos del mundo, florecerá para el Centenario en una arquitectura nueva para la que importamos los mejores maestros franceses e italianos, cuya elegancia todavía prevalece en el circuito de los palacios de esta ciudad fascinante. No podemos sino empezar por las obras de Norbert Maillart, convocado por un Estado nacional que buscaba proyectar al mundo su imagen de modernidad y esplendor económico, quien diseña para el presidente Juárez Celman en 1888 el proyecto del Correo Central, que debió reformularse para incluir nuevos servicios en 1908.

Sujeto a los avatares gubernamentales y recién inaugurado en 1928, el Palacio de Correos, que hoy, como entonces, forma un magnífico eje con la Casa Rosada, es un exponente clásico del academicismo francés, en cuyo interior se conserva el equipamiento original, valiosos vitraux y un patrimonio mueble admirable, en actualizado proceso de inventario.

El Palacio de Justicia, producto de un concurso entre el italiano Tamburini y el francés Maillart, cuyo proyecto resultó elegido, fue construido en la manzana del antiguo Parque de Artillería. Colocada su piedra fundamental en mayo de 1904, la Conferencia Panamericana eligió su Salón de los Pasos Perdidos como sede para el Centenario y en 1912 se instaló allí la Corte Suprema, donde ha sesionado hasta el presente. Obra típica del eclecticismo, su estilo y su severa monumentalidad se completan en 1959 con la estatua de «La Justicia» de Rogelio Yrurtia.

 Restauración

Es bueno destacar, en estos tiempos de rigor presupuestario, el cuidadoso trabajo de restauración que con fondos propios se está ejecutando allí. Imposible olvidar, también obra de Maillart, al glorioso Colegio Nacional Buenos Aires, cuyas tradiciones y rebeldías siguen iluminando, de la «Juvenilia» de Cané a jóvenes y futuras generaciones, junto a la Iglesia de San Ignacio y en la Manzana de las Luces, tan cargada de memoria. En 1898, el diario «La Prensa», fundado en 1869, inaugura en la Avenida de Mayo su edificio emblemático dentro de los cánones estilísticos de la Escuela de Bellas Artes de París, donde es concebido el diseño de la fachada a partir del cual generan su proyecto los arquitectos Carlos Agote y Alberto de Gainza, y en cuya construcción participan prestigiosas firmas francesas. Una monumental farola de bronce de tres toneladas corona su torre, junto a la estatua de mujer alegórica del periodismo. La tradicional sirena de «La Prensa», actual sede de la Casa de la Cultura del Gobierno de la Ciudad, anunciaba los grandes acontecimientos mundiales, y sonó por primera vez el 27 de julio de 1900 difundiendo el asesinato del rey Humberto I de Italia. Nos trasladamos ahora al circuito de aquellos palacios que fueron construidos como residencias de algunas familias adineradas.

Así el encargado por el diplomático Matías Errázuriz, casado con Josefina de Alvear, al arquitecto francés René Sergent, quien curiosamente nunca viajó a la Argentina, pero realizó una vasta obra con el estudio local de Lanús y Hary. En la actual sede del Museo Nacional de Arte Decorativo, y en los jardines diseñados por el paisajista Achille Duchene, los Errázuriz supieron ser anfitriones de personalidades célebres de la cultura internacional, como Federico García Lorca y Vicente Blasco Ibáñez, el maestro Arturo Rubinstein y la bailarina Ana Pavlova. Pero si un rincón de Buenos Aires evoca el imaginario de París, es el eje constituido por el circuito cultural de los museos y Plaza Francia que, por la avenida Alvear, culmina en la Plazoleta Carlos Pellegrini. Enmarcan este espacio de reminiscencias parisinas la mansión Alzaga Unzué, hoy del Hotel Hyatt, proyectada entre 1913-1916 por Roberto Prentice, la residencia Ortiz Basualdo, sede de la Embajada de Francia, por el arquitecto Pablo Pater, y los palacios Atucha, obra de Sergent de 1924, y Pereda, que configuran, con sus valores arquitectónicos y paisajísticos, uno de los lugares de mayor calidad urbana de nuestra Ciudad.

El Palacio Pereda fue diseñado por Louis Martin en 1917 sobre el modelo de un museo de París y ejecutado por Julio Dormal en 1919, completándose en forma definitiva en 1936.

Ojalá se firme el proyecto de decreto elevado al PEN por nuestra comisión, que protege la cuadra de las residencias Maguire y Duhau, junto con la sede de la Nunciatura, el edificio de las academias nacionales, de Bustillo, y la antigua residencia que hoy al
berga a la Secretaría de Cultura y Comunicación, tendiendo a preservar este eje que desemboca en la citada plazoleta. Sería injusto cerrar este sucinto itinerario que, inevitablemente, ha dejado afuera obras monumentales, sin aludir a nuestro Jardín Botánico, proyectado en 1892 por el paisajista de origen francés Carlos Thays, a quien tanto le debe esta Ciudad, e inaugurado en 1908; lugar mágico de singulares valores educativos, conserva un patrimonio escultórico de destacados artistas nacionales y extranjeros.

 Nostalgia

Esta mirada a vuelo de pájaro sobre la arquitectura de reminiscencias francesas en Buenos Aires tal vez parezca un inventario de nostalgias... ¿Por qué no? La nostalgia no es mala si activa la memoria, y si ésta, a su vez, moviliza proyectos desde el presente que necesariamente deberán incluir desarrollo humano y social de los argentinos.

Ojalá el testimonio vivo de esta arquitectura urbana que evoca el esplendor de un país que fue pueda alentar auténticas políticas de Estado para la Argentina que aún podemos llegar a ser...

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