"Francia, presente en el patrimonio arquitectónico de Buenos Aires"
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Elegancia
Es bueno destacar, en estos tiempos de rigor presupuestario, el cuidadoso trabajo de restauración que con fondos propios se está ejecutando allí. Imposible olvidar, también obra de Maillart, al glorioso Colegio Nacional Buenos Aires, cuyas tradiciones y rebeldías siguen iluminando, de la «Juvenilia» de Cané a jóvenes y futuras generaciones, junto a la Iglesia de San Ignacio y en la Manzana de las Luces, tan cargada de memoria. En 1898, el diario «La Prensa», fundado en 1869, inaugura en la Avenida de Mayo su edificio emblemático dentro de los cánones estilísticos de la Escuela de Bellas Artes de París, donde es concebido el diseño de la fachada a partir del cual generan su proyecto los arquitectos Carlos Agote y Alberto de Gainza, y en cuya construcción participan prestigiosas firmas francesas. Una monumental farola de bronce de tres toneladas corona su torre, junto a la estatua de mujer alegórica del periodismo. La tradicional sirena de «La Prensa», actual sede de la Casa de la Cultura del Gobierno de la Ciudad, anunciaba los grandes acontecimientos mundiales, y sonó por primera vez el 27 de julio de 1900 difundiendo el asesinato del rey Humberto I de Italia. Nos trasladamos ahora al circuito de aquellos palacios que fueron construidos como residencias de algunas familias adineradas.
Así el encargado por el diplomático Matías Errázuriz, casado con Josefina de Alvear, al arquitecto francés René Sergent, quien curiosamente nunca viajó a la Argentina, pero realizó una vasta obra con el estudio local de Lanús y Hary. En la actual sede del Museo Nacional de Arte Decorativo, y en los jardines diseñados por el paisajista Achille Duchene, los Errázuriz supieron ser anfitriones de personalidades célebres de la cultura internacional, como Federico García Lorca y Vicente Blasco Ibáñez, el maestro Arturo Rubinstein y la bailarina Ana Pavlova. Pero si un rincón de Buenos Aires evoca el imaginario de París, es el eje constituido por el circuito cultural de los museos y Plaza Francia que, por la avenida Alvear, culmina en la Plazoleta Carlos Pellegrini. Enmarcan este espacio de reminiscencias parisinas la mansión Alzaga Unzué, hoy del Hotel Hyatt, proyectada entre 1913-1916 por Roberto Prentice, la residencia Ortiz Basualdo, sede de la Embajada de Francia, por el arquitecto Pablo Pater, y los palacios Atucha, obra de Sergent de 1924, y Pereda, que configuran, con sus valores arquitectónicos y paisajísticos, uno de los lugares de mayor calidad urbana de nuestra Ciudad.
El Palacio Pereda fue diseñado por Louis Martin en 1917 sobre el modelo de un museo de París y ejecutado por Julio Dormal en 1919, completándose en forma definitiva en 1936.
Ojalá se firme el proyecto de decreto elevado al PEN por nuestra comisión, que protege la cuadra de las residencias Maguire y Duhau, junto con la sede de la Nunciatura, el edificio de las academias nacionales, de Bustillo, y la antigua residencia que hoy alberga a la Secretaría de Cultura y Comunicación, tendiendo a preservar este eje que desemboca en la citada plazoleta. Sería injusto cerrar este sucinto itinerario que, inevitablemente, ha dejado afuera obras monumentales, sin aludir a nuestro Jardín Botánico, proyectado en 1892 por el paisajista de origen francés Carlos Thays, a quien tanto le debe esta Ciudad, e inaugurado en 1908; lugar mágico de singulares valores educativos, conserva un patrimonio escultórico de destacados artistas nacionales y extranjeros.
Nostalgia
Esta mirada a vuelo de pájaro sobre la arquitectura de reminiscencias francesas en Buenos Aires tal vez parezca un inventario de nostalgias... ¿Por qué no? La nostalgia no es mala si activa la memoria, y si ésta, a su vez, moviliza proyectos desde el presente que necesariamente deberán incluir desarrollo humano y social de los argentinos.
Ojalá el testimonio vivo de esta arquitectura urbana que evoca el esplendor de un país que fue pueda alentar auténticas políticas de Estado para la Argentina que aún podemos llegar a ser...



