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10 de octubre 2007 - 00:00

Freno de Lula a Chávez por el Banco del Sur

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El Banco del Sur, el proyecto dilecto de Hugo Chávez, finalmente tendrá lista su Acta de Fundación. Consensuada en Rio de Janeiro por los representantes de los ministerios de Economía y Finanzas de seis países -Venezuela, Ecuador, Bolivia, Argentina, Uruguay, Paraguay y Brasil-, la carta natal contaría con los ingredientes necesarios para satisfacer los paladares tanto de Venezuela como de Brasil.

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Los puntos para la fundación del Banco del Sur están listos. Pero falta acordar la letra chica para que los mandatarios de los países involucrados firmen el acta y estatuto básico de su constitución. Faltará, también, elegir al primer presidente de la entidad que, se sabe, no será ni brasileño ni venezolano. Es lo más elegante, ya que al fin y al cabo, las negociaciones cruzadas siempre fueron entre Caracas y Brasilia. Con sordina, y entre bambalinas, como apuntan en Brasilia, desde principios de este año los equipos de los presidentes Hugo Chávez y Luiz Inácio Lula da Silva venían discutiendo los lineamientos de este nuevo banco para la región. Un juego de ganapierde o, si se quiere, por una de cal, otra de arena.

  • Sede

  • Chávez pidió que la sede del Banco del Sur fuera en Caracas. «Concedido», dijeron los brasileños. Respecto de los países que deberían integrar la entidad, el venezolano buscó sumar a sus amigos «bolivarianos», Cuba y Nicaragua. Fue denegado. La participación se restringió solamente a los seis países de América del Sur, aunque cabría la posibilidad de que Chile dejara de ser un mero observador e integrara el bloque. El gobierno de Bachelet ha venido siguiendo muy de cerca, a través de Itamaraty, las negociaciones por el Banco del Sur.

    La finalidad de la nueva entidad bancaria significó otro escollo. Hubo idas y venidas. Y hasta el presidente Lula tuvo que pronunciarse ante las presiones impacientes de Chávez. «Es preciso definir, antes que nada, qué va a ser el Banco del Sur: si tendrá una finalidad semejante al FMI, al Banco Mundial o al BNDES. Primero es preciso definir para qué queremos este banco, cuál será su finalidad, para después saber si conviene participar o no», dijo hace algunos meses.

    La declaración de Lula pisó un poco el freno sobre las ansiedades chavistas, pero igualmente el presidente de Venezuela propuso que el Banco del Sur debía financiar programas sociales y rescatar a países con problemas en sus balanzas de pago. Con otro «no» contestaron desde Brasil. Es que el modelo que se ha tenido en cuenta para la demarcación de las funciones y objetivos del Banco del Sur es casi el mismo que hoy día tiene el BNDES, el banco brasileño que financia proyectos de infraestructura y desarrollo, con tasas muy atractivas. ¿Planes sociales? «Significa siempre financiamiento a pérdida», dijeron los asesores de Lula. «Antes hay que consolidar la solidez del banco con buenas operaciones de mercado y sólo después se pueden destinar algunas pequeñas partidas para las cuestiones sociales». En otras palabras, el Banco del Sur no va a ser un instrumento para la política interna de cada país, y menos, así parece, para la de Venezuela. Va a llevar un buen tiempo la redacción del estatuto definitivo del Banco del Sur. Tendrán que consensuarse tanto el esqueleto jurídico de éste como la exención de impuestos, la moneda a adoptar o en su defecto el tipo de cambio, la estructura legal-laboral y otras cuestiones burocráticas necesarias. Los más optimistas predicen que la nueva entidad financiera multilateral podría estar funcionando para mediados de 2008. Hugo Chávez quiere que esto se concrete antes y, fiel a su estilo, seguramente verá la tradicional «mano negra del imperio» entorpeciendo la cuestión.

    Está previsto que el Banco del Sur arranque con un capital inicial de u$s 7.000 millones. No se estableció aún la cantidad de dinero que aportaría cada país -Brasil lo haría a través de recursos del mismo BNDES; el resto contribuiría con un porcentaje a definir de sus reservas-. Lo que sí es seguro es que, una vez constituido el Banco del Sur, cada integrante tendrá igual derecho a voto, más allá del aporte de capital inicial que haga. Un voto por país. Muy distinto parece, según señalan algunas fuentes, a las conversaciones mantenidas ayer en Rio de Janeiro, conducidas casi exclusivamente por Rodrigo Cabezas, el ministro de Finanzas de Venezuela, y Guido Mantega, el titular de Hacienda de Brasil. Será por eso que Miguel Peirano, nuestro ministro de Economía, se retiró del conciliábulo antes del mediodía. Tendría poco que decir.

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