Al tiempo que nuestro secretario de Finanzas -Guillermo Nielsen- pregonaba, como en una botella al mar, que si para febrero no llegaba ayuda, en mayo el país «quebraba» al quedarse si reservas: los paneles bursátiles respondían del modo más insólito. Generando 6% de aumento, en acciones de empresas privadas. Cierto es que en casi todo el mundo se desató una onda alcista de proporciones inusuales para estos momentos, donde en Wall Street las recomposiciones alcanzaban niveles de tres, cuatro por ciento, extendido esto a la región y con notorios aumentos en Brasil y México. Un día de gloria para los mercados de riesgo, una jornada excepcional (para un país que anuncia su «quiebra», en pocos meses...).
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El barrido de posiciones resultó literal, comprobable después con un volumen global de casi $ 61 millones, pero donde solamente $ 25 millones fueron por CEDEAR. Ergo, $ 36 millones de efectivo surcaron por acciones, excediendo como en 50%, lo que venía resultando su ritmo crucero. Y con esto, más la tónica a cerrarse en días de baja, se produjo el choque de corrientes: más dinero vs. poco papel. El resultado, inevitable, pasó por cotizaciones saliendo catapultadas hacia arriba, hasta cerrar en máximo y «487» puntos el MERVAL clásico, casi 6% de aumento ponderado. Dentro de ello, 16% para Telecom, Acíndar, con 11%, dos con 9%. Un festival de aumentos, en un escenario local precario.
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