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Kirchner, como se notó en la campaña electoral del año pasado, sólo obsequia la divulgación de mensajes auspiciosos a su esposa, Cristina. Y, aun así, con reticencias. Por eso que haya permitido al secretario general de la CGT comunicar el « salariazo» indirecto de la modificación en Ganancias permite ponderar la importancia que tiene para la Casa Rosada alcanzar su objetivo en el terreno sindical: que el próximo Comité Central Confederal, convocado para el 6 de abril próximo, sirva para un informe de la conducción y un aplauso de la concurrencia. Nada más.
La modificación del mínimo no imponible de Ganancias se había convertido, hasta el miércoles, en la exigencia más intransigente que un sector importante del sindicalismo formulaba al gobierno. El acercamiento de quienes apoyan de manera condicionada a Moyano en el secretariado de la CGT, es decir, de Luis Barrionuevo, Gerardo Martínez y Andrés Rodríguez, con el sector que se apartó de esa conducción, comandado por Armando Cavalieri, Oscar Lescano y José Pedraza, quedó expresado en una especie de «plan de lucha» -nadie se animaría a usar esa antigua expresión delante del implacable santacruceño, claro-. La primera reivindicación era la modificación de los montos a partir de los cuales los empleados deben tributar por Ganancias. Las otras demandas (aumento del salario mínimo, de los haberes jubilatorios, de los ingresos de empleados públicos o de los giros del PAMI a las obras sociales) figuraban como una especie de relleno al lado de aquella premisa superior.
Esta exclusión ha generado un enorme malestar interno en la CGT que se manifiesta en presiones sobre Moyano para que consiga saltar vallas cada vez más altas. ¿Lo hacen para ponerlo en contra de Kirchner? ¿O es para que Kirchner entienda que los premios deben socializarse? El Presidente cree que se trata de la primera opción: por eso le dio todo el escenario del anuncio al camionero, de tal manera que pueda enrostrar su «conquista» ante quienes le dicen que «la docilidad no paga».
Sin embargo, la respuesta a la incógnita sobre el destinatario de la agresividad sindical se conocerá en estos días. Porque ya desde ayer había sindicalistas a los que lo anunciado por Kirchner comenzó a parecerles poco. «Nosotros pedíamos como mínimo $ 3.000 para los solteros y $ 4.000 para los casados», recordó uno de los descontentos con la forma de «distribuir dividendos» del secretario general. «Bastante más de lo que nos dieron», aclaró. En la Cámara de Diputados, ya existen los legisladores que imaginan un método para conseguir lo que falta. No hay que olvidar: allí están Barrionuevo y su esposa, la ex ministra de Trabajo Graciela Camaño, además del laboralista Héctor Recalde, el metalúrgico Francisco «Barba» Gutiérrez y el economista de la CTA Claudio Lozano. Cerca de ellos ya se habla de que para que la concesión de Kirchner sea viable, debe convalidarse con una ley. Además de establecerse la mejora desde enero, lo que supone algo inimaginable; que Kirchner devuelva plata que ya cobró (sólo Rodrigo de Rato merece ese milagro). Abrir ese tratamiento en el Congreso sería iniciar una negociación fiscal a la que el Presidente no está dispuesto.
Para él, al contrario, la concesión impositiva al gremialismo ha sido tan generosa que espera una retribución por ella. Quiere que los reclamos de los sindicatos en las paritarias sean moderados, es decir, que no superen 15%. Todo un problema ya que Moyano, desagradecido, anunció una pretensión de 30% para los camioneros. No hace falta recordar que se trata de un sector decisivo en la formación de los precios que el gobierno viene negociando con todos los sectores de la economía, en especial con los supermercadistas. La UIA, por ejemplo, ya advirtió que se está ante una escalada salarial inquietante. A pesar de que su titular, Héctor Méndez, ha dado una media palabra de conceder entre 25% y 35% de mejora en su sector, el de los plásticos.
Para el secretario general de la CGT no sería tan grave la demanda de los camioneros. Lo explican sus detractores: «El no tiene problema porque las empresas a las que les pedirá el aumento son subsidiadas por el Estado. En otras palabras, el que pagará la suba es Kirchner desde Hacienda». De nuevo aparece en el frente salarial la objeción de siempre a la mezquindad egocéntrica de Moyano. El Presidente supone que puede resolver toda su relación con el gremialismo aplacando sólo a uno de sus integrantes, el camionero. ¿Se equivoca? Hasta ahora, no.
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