La mandataria chilena, Michelle Bachelet, le envió ayer una carta a Néstor Kirchner en la que manifiesta su «decepción» ante el alza dispuesta por el gobierno argentino en el impuesto a las exportaciones de gas. Bachelet formalizó así la queja que venía expresando a través de declaraciones periodísticas, y luego de que autoridades locales intentaran restarle importancia al entredicho.
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Desde el gobierno argentino, el ministro de Planificación, Julio De Vido, negó que se haya decidido cobrar a Chile un precio más caro que el conversado la semana anterior durante la entrevista que tuvieron ambos jefes de Estado en Córdoba, durante la cumbre del Mercosur.
«El precio surge de la diferencia entre el valor absoluto del gas que importamos cada día de Bolivia y el que exportamos a terceros países, no hay un solo centavo más», dijo De Vido en alusión a que no se traslada a los compradores externos el valor de 5 dólares acordado con el gobierno de Evo Morales, sino la diferencia entre el valor de importación y el de exportación, según los montos comercializados. Se exportan a Chile unos 15 millones de metros cúbicos diarios, tres veces más de lo que se compra a Bolivia.
De Vido indicó que «después puede haber diferencias según si el precio incluye el transporte o no». De acuerdo con el gobierno argentino, al valor del gas en boca de pozo que promedia 1,70 dólar por millón de BTU en los contratos con Chile debe sumársele el impuesto de u$s 2,25, lo que da un precio de u$s 3,95.
Los funcionarios chilenos, en cambio, suman el transporte, lo que termina arrojando un valor que oscila entre 4,50 y 4,80 dólares. En el caso del precio pactado con Bolivia, tampoco se incluye el transporte.
De todas formas, resulta llamativo que no se haya aclarado en Córdoba el precio del que se estaba hablando, considerando la resistencia que provoca en Chile la situación y las presiones que sufre el gobierno de ese país de parte de la oposición.
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