La tecnología de la información, las finanzas y el petróleo siguen brindando las mejores oportunidades de enriquecimiento, a la luz del ranking de grandes fortunas mundiales que elabora anualmente la revista estadounidense «Forbes» que difundió ayer la versión correspondiente a 2004. Sin embargo, es el comercio la actividad estelar que permitió a miembros de la familia Walton acumular cinco de las once principales fortunas mundiales gracias a Wal-Mart. El alemán Karl Albrecht también agradece a su cadena de supermercados conservar la tercera riqueza del planeta, así como Theo, su hermano menor, ubicado en el puesto 14o.
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El listado de millonarios, que hegemonizan los estadounidenses (13 sobre los 25 primeros), es encabezado por undécima vez consecutiva por Bill Gates (informática), mientras Warren Buffet (finanzas) mantiene el segundo puesto.
El príncipe Alwaleed bin Talal Al-Saud (4o, subió un lugar con respecto a 2003) es el único árabe y representa la habilidad empresarial de la dinastía petrolera saudí, en tanto que los otros asiáticos que figuran entre los 25 multimillonarios residen en Hong Kong. El saudí trocó el puesto que tenía en 2003 con Paul Allen (informática).
El descenso más brusco entre los primeros lugares correspondió a Lawrence Ellison (12o,-6), que pagó el precio de sus decisiones controvertidas en la empresa Oracle. Liliane Bettencourt (11ª) se benefició de la preocupación francesa por la estética (L'Oreal), mientras que la practicidad sueca anotó al dueño de Ikea (muebles), Ingvar Kamprad.
Rusia inscribió los nombres de Mikhail Khodorkovsy, quien subió vertiginosamente del 26° al 16° lugar, y Roman Abramovich quien pasó del puesto 69° al 25°.
Sólo un latinoamericano, el mexicano Carlos Slim (telecomunicaciones), figura entre los 25 primeros (17°).
El listado correspondiente a los latinoamericanos más ricos está encabezado por mexicanos, venezolanos y brasileños, con creciente presencia chilena y un único representante argentino, Gregorio Pérez Companc, entre los 25 primeros a pesar de haber bajado del puesto 256° al 356° en el ranking general. Pérez Companc, como sus otros colegas argentinos, pagó en 2001 y en 2002 el efecto de la devaluación de muchos de sus activos.
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