8 de marzo 2004 - 00:00

Gobierno aún optimista pero FMI sigue en duda

No hubo señales del Fondo Monetario el fin de semana sobre la aprobación de las metas y será muy difícil que las haya hoy. Anne Krueger sólo llamará a Kirchner o Lavagna para ratificar que la revisión avanza, pero no habrá un comunicado oficial. La acción, en esos términos, está ahora en terreno argentino. Por eso Kirchner firmará hoy el decreto en el que designa al sindicato de bancos para la deuda. Lo pedían el FMI y el G-7. No alcanza. Por ello el gobierno deberá decidir si se pagan u$s 3.100 millones con reservas mañana o se entra en default. Lavagna habló el fin de semana con el Tesoro de EE.UU. Se aseguró así que hoy el FMI vuelva a tratar el caso Argentina. Mercados descontaron una negociación tensa, pero un nuevo default provocaría bajas en bonos y Bolsa. Dólar no subiría.

La diplomacia argentina a pleno se movió durante el fin de semana ante los países miembros del G-7 y continuará hoy en toda la jornada para comunicar la posición del gobierno de Néstor Kirchner ante el pago de los u$s 3.100 millones. La información extraoficial que recibieron los jefes de gobierno es la conocida: no habrá pago si antes no se recibe en Buenos Aires algo más que una llamada telefónica; una nota o una carta del staff del Fondo Monetario Internacional (FMI).

El objetivo es negociar hasta último momento que los gobiernos de Estados Unidos, Alemania, Francia, Gran Bretaña, Japón, Italia y Canadá reconozcan que objetivamente no hay argumentos sólidos para no aprobar las metas presentadas por la Argentina en el Fondo, más allá de las presiones que reciben de los acreedores de la deuda externa. Sin embargo, en todos los casos, los embajadores y diplomáticos que realizan estas gestiones reciben por parte de los gobiernos sobre los que actúan el mismo argumento: no puede ser que un país caído en default que no tiene intenciones serias de negociar, salga adelante y siente un precedente negativo.

El argumento de los hombres que dirige el canciller Rafael Bielsa ante esta embestida es simple: éste no es el momento de presionar y hacer caer financieramente a la Argentina.

Eventualmente, se coincide, el mes sería junio, cuando se efectúe la tercera revisión y donde la Argentina se había comprometido a mostrar avances concretos en la negociación con los acreedores.

Hay otro dato que recogieron los embajadores y enviados del gobierno argentino ante los países desarrollados. El G-7 difícilmente vote nuevamente separado en el «board» del FMI, como lo hizo hace un mes para aprobar las metas del primer tramo del acuerdo. Esto quiere decir, según la información recogida en el exterior, que Estados Unidos, Francia y Alemania podrían cambiar su voto hacia la abstención y tornar negativa la posición argentina.

• Compromiso

Para hoy, todas las embajadas y sus responsables están comprometidos para continuar las gestiones hasta último momento. Lógicamente, el que mayores responsabilidades tiene es el mendocino José Octavio Bordón, que desde Washington tendrá que comunicarse con el gobierno norteamericano para que no cambie su voto en el «board» y continúe avalando a la Argentina. Las gestiones del embajador en EE.UU. lo llevarán nuevamente a hablar con funcionarios del Departamento de Estado y del National Security Council; además de intentar algún acercamiento directo con la cúpula misma del FMI que maneja ahora Anne Krueger. Bordón irá a estos encuentros con la información de que hoy estará definido y probablemente firmado el decreto que pone en marcha el sindicatode bancos, como gesto de buena voluntad para avanzar en las negociaciones con los acreedores. También hablará de la posibilidad de ubicar el porcentaje de aceptación requerido para la oferta que hace el gobierno argentino en 66%, un nivel intermedio entre lo que pide el FMI y el 50% que ofrecía Lavagna.

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