Hasta cuándo sigue la baja. Desde el 1 de octubre de 1998, el promedio industrial no tenía un cierre tan bajo como el de ayer, cuando luego de perder 2,4% quedó en 7.683,13 puntos. En la jornada anterior fue porque las noticias eran mayoritariamente negativas; ayer, porque estuvieron en línea con lo esperado, y tal vez mañana porque pueden llegar a ser mejor que lo esperado. Lo cierto es que las acciones han venido cediendo terreno día a día sin que nada parezca capaz de frenarlas y sin que importaran demasiado los motivos. Con una clara ausencia de novedades relevantes en el frente militar, con el indicador de la confianza como único dato de la macroeconomía presentando un resultado levemente superior a lo esperado, más algunas advertencias de caídas en las ganancias en los sectores papelero, químico, de aparatos domésticos, y tecnológicas, contrabalanceadas por las subas en el sector metalúrgico (US Steel) y especialmente en los de semiconductores (el índice de semiconductores de la Bolsa de Filadelfia trepó 1,44% y el NASDAQ 100 ganó 0,06%), las biotecnológicas y las auríferas, casi se podría decir que desde el contenido informativo, fue una jornada normal. Hasta la Fed cumplió con su acostumbrado papel de no deparar ninguna sorpresa al mercado. Sin embargo, las acciones volvieron a desplomarse y esta vez con un volumen bastante superior a lo que hemos estado acostumbrados en las últimas semanas (1.700 millones de papeles en el mercado tradicional y 1.670 millones en el electrónico, merced a un importante incremento del "program trading"), en tanto el dólar retrocedía nuevamente ante las principales monedas y los inversores buscaban refugiarse otra vez en los treasuries deprimiendo su tasa. Guste o no, lo cierto es que la desconfianza de los inversores sigue.
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