11 de noviembre 2020 - 00:00

Para dar respuesta al consumidor, la carga tributaria debe ser sostenible

La acumulación no armonizada de tributación en un modelo de negocios puede llegar a erosionar su rentabilidad de manera tal de desplazarlo del mercado. Basta con leer los análisis de prestigiosos economistas locales y organismo multilaterales para entender esta dinámica que enfrentan algunas empresas en nuestro país. 

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Investigaciones advierten sobre la psicología de los consumidores y las necesidades o deseos detrás de su comportamiento. Los impuestos pueden desplazar del mercado a aquellas empresas que intentan dar respuesta a esas necesidades.

Desde esta columna he enfatizado que una política tributaria descoordinada puede generar la inviabilidad económica de ciertos emprendimientos. La acumulación no armonizada de tributación en un modelo de negocios puede llegar a erosionar su rentabilidad de manera tal de desplazarlo del mercado. Basta con leer los análisis de prestigiosos economistas locales y organismo multilaterales para entender esta dinámica que enfrentan algunas empresas en nuestro país.

Los expertos destacan que nuestro comportamiento al consumir deriva de alguna de las siguientes variables:

  • Necesidad: se incluyen cuestiones básicas como alimentación.
  • Aversión a la pérdida: perder al proveedor suele ser inconveniente. Por ejemplo, migrar archivos de un proveedor en la nube a otro.
  • Miedo: los modelos de negocio vinculados a la salud, seguridad y seguros derivan de esta variable.
  • Conveniencia: resolución de problemas en forma rápida y sencilla. Empresas de delivery pueden ser un ejemplo de este mercado.
  • Placer: muchos emprendimientos suelen rentabilizar la sorpresa, el verse mejor, el descubrimiento.
  • Pertenencia: hay empresas que lograron que el consumidor experimente un sentimiento de pertenencia (algunas tarjetas de crédito, prestigiosas marcas de motos).
  • Escasez: la escasez de ciertos productos de lujo suele ser una movilizador de ciertos consumidores.

Ante esa demanda que busca la satisfacción de una necesidad y la oferta que permite darle una respuesta, el Estado intentar capturar una porción de esa capacidad contributiva que implican la renta y el consumo. Podríamos decir que las necesidades y deseos de consumir permite que el sector privado desarrolle la oferta correspondiente y el Estado complemente con su poder de imposición.

Hasta aquí no existe mayor inconveniente ya que los Estados Nacional, Provincial y Municipal, tienen las facultades constitucionales de imponer tributos ya sea mediante facultades propias o por delegación.

El punto que intento marcar no refiere a la facultad de gravar la renta o el consumo con impuestos sino a la acción descoordinada y no armonizada entre los distintos poderes de imposición que lleva a muchos modelos de negocio a la inviabilidad económica. En otras palabras, el empresario local suele ser eficiente en innovar y encontrar formatos de negocio que permiten dar solución a alguna de las 7 necesidades expuestas. De hecho, emprendedores locales, han crecido y se han desarrollado al amparo de esas necesidades.

La cuestión radica en entender que la rentabilidad y crecimiento de un modelo negocio no pueden suponer una presunción inelástica de capacidad contributiva hasta el punto de tornar una idea o negocio en inviable. Una cuestión es gravar el consumo o la renta como expresiones de capacidad contributiva y otra muy distinta es la proliferación descoordinada de gravámenes sobre flujos de fondos (Débitos y Créditos en cuenta corriente), acumulativos y plurifasicos (Ingresos brutos, Municipales) o, simplemente, erosivos del capital de trabajo (regímenes de retención y percepción). Cuando se intenta modelar un negocio que idealmente da una respuesta a alguna de las necesidades expuestas y luego se le incluyen las capas de tributación que sufrirá, el precio final del producto o servicio con el que la empresa enfrenta al mercado, queda muchas veces desfasado y, por lo tanto, el negocio no es sostenible. O se podría decir, que el negocio no es sostenible en un marco de formalidad. Con lo cual, la excesiva presión tributaria termina, en algunos casos, desplazando al contribuyente a la informalidad.

En el año 2008 el Banco Mundial estudió el caso argentino en forma detallada y se preguntó por qué la tasa total de impuesto de una empresa pyme local llegaba a aproximadamente 112% de la utilidad antes de impuestos. Hoy ese porcentaje se ubica en torno al 105% cuando el promedio mundial no supera el 55%. Del estudio efectuado y de la segmentación realizada, se llegó a la conclusión que 2 impuestos componen el 70% del costo tributario de la empresa pyme utilizada como ejemplo. Estos son el Impuesto sobre los ingresos brutos y el Impuesto sobre los débitos y créditos bancarios. El resto del costo lo componen los tributos de nómina, el impuesto a las Ganancias y otros. Justamente el Impuesto a las Ganancias (que en aquel momento ascendía al 35%) no derivaba recaudación significativa al Estado Nacional porque Ingresos Brutos, Cargas Sociales y Débito y Créditos ya erosionaban la rentabilidad del emprendimiento hasta dejarlo casi sin utilidad distribuible.

Vale decir que existen regímenes de incentivo a empresas medianas y pequeñas que, en algún punto, alivianan esta carga, pero el crecimiento y desarrollo no pueden depender de estos beneficios transitorios sino de políticas tributarias que armonicen a nivel país este tipo de situaciones.

(*) Socio del departamento de impuestos y transacciones de EY Argentina

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