La industria textil profundizó durante 2026 un deterioro que ya atraviesa prácticamente todos los indicadores de actividad del sector. En el primer semestre, la producción cayó 24,4% interanual, frente a una baja de apenas 2,2% de la industria en general, mientras en junio las fábricas utilizaron solo el 46,6% de su capacidad instalada.
Al mismo tiempo, el comercio exterior muestra un cambio relevante en la composición de las compras argentinas. En este sentido, mientras caen con fuerza las importaciones de materias primas, hilados y tejidos, las de prendas terminadas crecieron 60,1% en lo que va del año.
La producción se desploma y más de la mitad de la capacidad queda sin utilizar
Dentro de la cadena, la caída de la producción más profunda se produjo en tejidos y acabados, con 36,3% en el acumulado del semestre. Ese segmento incluye la fabricación de telas y los procesos finales que les dan color, textura, resistencia o terminación.
También cayeron 21,4% los hilados de algodón, que son una de las materias primas básicas para fabricar tejidos, mientras otros productos textiles retrocedieron 18,3%, un grupo que reúne distintas manufacturas y artículos intermedios del sector.
La relevancia está en que no están cayendo solamente los productos finales, sino también etapas intermedias de la cadena que alimentan al resto de la producción.
La caída de los eslabones intermedios reduce los insumos disponibles y termina afectando al resto de la producción textil.
La magnitud se vuelve más clara cuando se compara con otros sectores
Mientras el segmento textil retrocedió 15,9% interanual en junio, las prendas de vestir, cuero y calzado cayeron 8,4%. Al mismo tiempo, la industria general creció 2% en el mismo periodo. Es decir, el eslabón fabril textil muestra un deterioro considerablemente mayor que el promedio manufacturero y también que el segmento de indumentaria terminada. Según FITA, la actividad permanece en los niveles más bajos de los últimos tres años y sin señales de recuperación.
Como consecuencia de esa menor actividad, una parte cada vez mayor de la estructura productiva quedó ociosa, hasta el punto de que en junio el sector operó apenas al 46,6% de su capacidad instalada, 12,5 puntos porcentuales por debajo del promedio industrial.
Si bien ese nivel implicó una mejora de 4,4 puntos frente a mayo, todavía quedó 3,8 puntos por debajo de junio de 2025, de modo que el repunte mensual no alcanzó para modificar una tendencia que viene deteriorándose desde hace más de dos años.
De hecho, mientras durante 2023 la utilización de la capacidad se movía mayormente entre 50% y 60%, desde 2024 pasó a ubicarse entre 30% y 50%, con mínimos cercanos a 30% hacia fines de 2025.
Ese exceso de capacidad, a su vez, reduce el margen de las empresas para subir precios, porque con una demanda débil y muchas fábricas produciendo por debajo de su potencial, aumentar demasiado puede hacerles perder ventas frente a competidores locales o importados. Por eso, aun cuando suben sus costos, no siempre pueden trasladarlos por completo al precio final.
Por eso, en julio los precios al consumidor de prendas de vestir, cuero y calzado aumentaron apenas 11,5% interanual, muy por debajo del 33,8% registrado por el nivel general, mientras que en el mercado mayorista los productos textiles avanzaron 18,4%, también por debajo del 29,5% de las manufacturas.
El ajuste productivo ya se traduce en menos empleo, empresas e inversión
Como consecuencia de la menor actividad, el deterioro ya se trasladó con fuerza al mercado laboral, donde en mayo el agregado de textil, confección, cuero y calzado contabilizó 93.952 puestos formales, 16.244 menos que un año atrás y 26.851 por debajo de diciembre de 2023, mientras que solo durante el último mes relevado se perdieron otros 1.229 empleos.
Al mismo tiempo, esa pérdida de puestos también viene acompañada por una reducción en la cantidad de empresas que permanecen activas, dado que en mayo quedaban 1.950 establecimientos textiles y 2.354 de confección, 515 menos que un año atrás.
De esa forma, desde diciembre de 2023 ambos segmentos acumulan un cierre de 750 establecimientos, lo que equivale a un promedio cercano a 30 cierres por mes durante más de dos años.
Menos insumos y más prendas terminadas cambian la composición de las importaciones
A ese deterioro interno se suma un cambio relevante en el comercio exterior, porque entre enero y julio las importaciones totales de la cadena alcanzaron 181.000 toneladas por u$s925 millones, con bajas de 19,7% en volumen y 8,5% en valor frente al mismo período del año pasado.
Sin embargo, detrás de esa caída general aparece una modificación importante en el tipo de productos que está comprando Argentina. En concreto, mientras las importaciones de materias primas cayeron 26,7%, las de hilados 45,2% y las de tejidos planos 52,2%, las compras de prendas terminadas aumentaron 60,1% y las de confecciones 25,8%.
De esta manera, entran menos insumos destinados a ser procesados por fábricas locales y más productos que llegan ya terminados, una dinámica que FITA resume al señalar que “no ingresa menos producto importado, ingresa terminado en lugar de insumo”. Si bien los datos no permiten atribuir toda la contracción productiva al avance de las importaciones, sí muestran que una porción creciente de las compras externas corresponde a bienes con mayor grado de elaboración realizada fuera del país.
Por otro lado, las exportaciones muestran una mejora que todavía no alcanza para compensar ese cuadro, dado que entre enero y julio las ventas externas de toda la cadena crecieron 61% en dólares y 51,1% en volumen.
No obstante, como buena parte del avance se concentró en los hilados, cuyas exportaciones aumentaron 248,7%, mientras las confecciones retrocedieron 36,1%, las prendas 6,6% y otros productos 40,8%, el propio informe advierte que la recuperación exportadora sigue siendo parcial y no se extiende al conjunto de la cadena.