10 de abril 2006 - 00:00

Insólita queja de los textiles

La Fundación Pro-Tejer, que nuclea a la «cadena de valor» textil, pidió la modificación del régimen de trabajo domiciliario para terminar con «la mano de obra esclava» en talleres ilegales. El reclamo es uno más de los tantos que se han escuchado por estos días como consecuencia de la tragedia que le costó la vida a seis trabajadores bolivianos empleados en un taller de La Paternal.

Sin embargo, la apelación de la entidad que preside Aldo Karagozian -parte de la familia que es dueña de la principal hilandería del país, TN & Platex- no deja de ser llamativa, dado que es justamente ese sector (el textil/indumentaria) el único gran beneficiario del trabajo ilegal y en «negro». Es un secreto a voces que en esos talleres ilegales se confecciona -además de las falsificaciones que se venden en las ferias «truchas» como la de La Salada, por caso- buena parte de las prendas que luego se ofrecen en los shopping centers a valores en dólares similares a los que se pagan en Nueva York o Madrid. No se termina de comprender, entonces, la protesta.

Además, la Fundación Pro-Tejer no dejó pasar la oportunidad para volver a felicitar al gobierno por mantener el dólar alto y para quejarse de la décadadel '90, tiempo en que buena parte de esa industria dejó de fabricar y se reconvirtió sin demasiadas dificultades en importadores de prendas terminadas. A pesar de que ya transcurrieron siete años desde el fin de esa década, la Fundación insiste en que «estamos sufriendo las consecuencias provocadas por las políticas neoliberales aplicadas en la Argentina en la década del '90. A través de una apertura ingenua de los mercados, desprecio por la industria nacional y promoviendo la proliferación de canales informales de comercialización y falsificación de marcas, se admitió y propició condiciones laborales precarias, de bajos salarios, desocupación y pobreza».

  • Contradicción

  • El sector no admite tener responsabilidad alguna por esa «precarización» del trabajo, por la aparición de «canales informales» ni tampoco por el hecho de que 50% de las ventas de prendas que en la Argentina se hacen «en negro», y no solamente en las ferias «truchas», desde ya. De hecho, Karagozian hizo lo opuesto, al declarar mediante un comunicado que «esos talleres clandestinos con mano de obra esclava no forman parte de la industria textil y deben ser penalizados y erradicados». Cabe preguntarse entonces qué se fabrica en esos talleres clandestinos si no es ropa. Por caso, en el de la calle Luis Viale -cuyo incendio provocó la actual ola de protestas- se hacían jeans, y se han multiplicado las denuncias contra marcas de primera línea, con locales en los más cotizados centros comerciales, que también apelaban a estas estructuras informales y barriales para abaratar sus costos y eludir sus obligaciones fiscales.

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