4 de diciembre 2007 - 00:00

Invasión desde Brasil ya es récord histórico

Resta un mes para cerrar el año, y ya el déficit comercial con Brasil ha alcanzado una nueva marca histórica al acumular u$s 3.784 millones. Ni el dólar alto del "modelo productivo" ni el fortalecido real logran atemperar el desequilibrio con el vecino país. Brasil, que en realidad debía ser la locomotora que traccionara las exportaciones, termina consolidándose como el principal proveedor de la Argentina. Pero en lugar de ganar mercado en Brasil, lo pierde, sobre todo a expensas de China. Como en el fútbol, en comercio practican juego bonito. Se importan equipos y máquinas, autopartes y generadores, también celulares, a cambio de trigo, naftas y otros productos agropecuarios.

Invasión desde Brasil ya es récord histórico
La economía brasileña asiste a una verdadera avalancha importadora producto, principalmente, de la fortaleza del real.

Esto dio lugar a que en noviembre el saldo de la balanza comercial bilateral arrojara un déficit de sólo u$s 251 millones, lo que representa una disminución de 29% frente al registrado un año atrás.

De todos modos, el déficit comercial con Brasil este año será récord, ubicándose en torno de los u$s 4.000 millones. Ahora basta con destacar que en lo que va del año, el desequilibrio acumulado asciende a u$s 3.786 millones, lo que supera en casi 3% al de todo 2006. Sin duda, la relación comercial con el principal socio del Mercosur ocupará gran parte de la agenda del próximo ministro de Economía, Martín Lousteau, y sobre todo del secretario de Industria, Fernando Fraguío.

En noviembre, las exportaciones argentinas sumaron u$s 1.090 millones (crecieron 51% interanual) mientras que las ventas externas de Brasil totalizaron u$s 1.341 millones (25% más que en 2006). De acuerdo con la Secretaría de Comercio Exterior de Brasil, los principales productos exportados a la Argentina fueron automóviles, combustibles, autopartes, gasolina, motores para vehículos, aparatos transmisores y receptores (sobre todo celulares), calzados, motores y generadores eléctricos, laminados planos (de acero), neumáticos, bombas y compresores, así como también manufacturas de plásticos, papel y cartón.

Será el cuarto año consecutivo en que la Argentina pierde comercialmente con Brasil. Ya no parece ser una reversión transitoria tras la fuerte recuperación de la economía argentina desde 2003. En estos últimos cuatro años, el déficit con Brasil suma más de u$s 13.000 millones.

Claro que esto ocurre a lo largo de un período donde conviven la artificial debilidad del peso frente al dólar y la sostenida apreciación del real, que otorgan un plus al tipo de cambio kirchnerista en términos de una amplia ventaja competitiva. Así y todo, y pese a que la economía brasileña también despegó, registrando récord de importaciones, se profundiza el desbalance comercial bilateral.

Los patrones de comercio también son un dato preocupante porque la mayor parte de las ventas externas brasileñas al mercado argentino está compuesta por bienes industriales con alto valor agregado. En cambio, las exportaciones argentinas a Brasil, haciendo la tradicional salvedad del complejo automotor, son trigo, naftas y otras manufacturas de origen agropecuario.

La otra señal de alerta es la avanzada china en el mercado brasileño que ya logró desplazar a la Argentina al tercer lugar del ranking de proveedores de Brasil. Aquí también surge una asimetría dado que la Argentina sigue siendo el segundo mercado de destino más importante para las exportaciones brasileñas detrás del estadounidense y muy por encima del chino.

Para algunos analistas brasileños, el déficit bilateral se debe a que la oferta exportable de la Argentina no se adecua a la demanda brasileña, sobre todo del poderoso aparato industrial paulista que ha sido una verdadera aspiradora de insumos, materias primas, y de otros bienes básicos alentada por la caída del tipo de cambio. Esto ha generado incluso una sustitución en detrimento de la producción local, como señaló ayer el vicepresidente de la Asociación de Comercio Exterior de Brasil (AEB), José de Castro.

Por eso no debe justificarse que la Argentina tenga déficit con Brasil debido a la existencia de restricciones a las importaciones; todo lo contrario, el vecino país cada mes compra más de todo el resto del mundo.

Para otros, como el embajador argentino en Brasilia, Juan Pablo Lohlé, la solución para reencauzar la relación comercial pasa por «atacar» el mercado brasileño como si fuera un continente y no centrarse en San Pablo; porque existe una gran demanda potencial en bastas regiones, como el nordeste y centro-oeste, que terminan siendo abastecidas por distintos países sin pasar por San Pablo.

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