Invasión desde Brasil ya es récord histórico
Resta un mes para cerrar el año, y ya el déficit comercial con Brasil ha alcanzado una nueva marca histórica al acumular u$s 3.784 millones. Ni el dólar alto del "modelo productivo" ni el fortalecido real logran atemperar el desequilibrio con el vecino país. Brasil, que en realidad debía ser la locomotora que traccionara las exportaciones, termina consolidándose como el principal proveedor de la Argentina. Pero en lugar de ganar mercado en Brasil, lo pierde, sobre todo a expensas de China. Como en el fútbol, en comercio practican juego bonito. Se importan equipos y máquinas, autopartes y generadores, también celulares, a cambio de trigo, naftas y otros productos agropecuarios.
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Los patrones de comercio también son un dato preocupante porque la mayor parte de las ventas externas brasileñas al mercado argentino está compuesta por bienes industriales con alto valor agregado. En cambio, las exportaciones argentinas a Brasil, haciendo la tradicional salvedad del complejo automotor, son trigo, naftas y otras manufacturas de origen agropecuario.
La otra señal de alerta es la avanzada china en el mercado brasileño que ya logró desplazar a la Argentina al tercer lugar del ranking de proveedores de Brasil. Aquí también surge una asimetría dado que la Argentina sigue siendo el segundo mercado de destino más importante para las exportaciones brasileñas detrás del estadounidense y muy por encima del chino.
Para algunos analistas brasileños, el déficit bilateral se debe a que la oferta exportable de la Argentina no se adecua a la demanda brasileña, sobre todo del poderoso aparato industrial paulista que ha sido una verdadera aspiradora de insumos, materias primas, y de otros bienes básicos alentada por la caída del tipo de cambio. Esto ha generado incluso una sustitución en detrimento de la producción local, como señaló ayer el vicepresidente de la Asociación de Comercio Exterior de Brasil (AEB), José de Castro.
Por eso no debe justificarse que la Argentina tenga déficit con Brasil debido a la existencia de restricciones a las importaciones; todo lo contrario, el vecino país cada mes compra más de todo el resto del mundo.
Para otros, como el embajador argentino en Brasilia, Juan Pablo Lohlé, la solución para reencauzar la relación comercial pasa por «atacar» el mercado brasileño como si fuera un continente y no centrarse en San Pablo; porque existe una gran demanda potencial en bastas regiones, como el nordeste y centro-oeste, que terminan siendo abastecidas por distintos países sin pasar por San Pablo.




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