Un país de economía pujante vende al exterior más de lo que importa. Eso se llama superávit comercial que es distinto de balanza de pagos porque aquí el superávit se puede contrarrestar -o no- con royalties, franchising, pagos de deuda y otras salidas al exterior de dinero (aunque ahora entran más dólares que los que salen). En julio la Argentina mantuvo un buen saldo a favor, 6.800 millones de dólares en el año (940 millones sólo en ese mes).
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Bajó pero igual es muy bueno, es alto. Sucede también que aumentaron bastante las importaciones, por eso bajó el saldo, pero esto es correcto porque significa que un país se capitaliza, mejora sus instalaciones, trae tecnología moderna, puede producir más, mejor y eso traería más bienestar en productos y trabajo. Habría que felicitar al gobierno pero hay un detalle irónico que ensombrece los rostros: importamos más -y desde hace tres meses venimos haciéndolo- porque nos capitalizamos en... generadores de electricidad. Dicho de otra manera, las empresas gastan mucha plata porque calculan y temen que pueda sobrevenir una crisis energética que paralice sus máquinas. Lamentable porque «inversión en nuevas fuentes de energía» es un rubro descuidado -por lo menos retrasado- del gobierno.
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