6 de agosto 2002 - 00:00

Katrine, en convocatoria

La convocatoria pedida por el restorán Katrine es una más (y no la última) de una cadena de establecimientos con problemas, que barrió con algunos y puso en una situación similar a otros. La cocinera sueca que daba nombre a su «restó» (que se inició en Subito como repostera) ya había abandonado hace algún tiempo la conducción del local, y la nueva dirección de la empresa decidió que el camino del concurso preventivo era el mejor para seguir en el negocio.

Es que la crisis golpeó la zona de Puerto Madero más duramente que a otros circuitos gastronómicos de la Ciudad. Así, «buques insignia» de la zona como Dique 4, El Viejo Pop o el pub Liverpool cerraron sus puertas en el último semestre, y observadores de la industria indican que la tendencia podría acentuarse en los próximos meses, de no mediar una reactivación del consumo. Algunos famosos restoranes, como Catalinas (de Ramiro Rodríguez Pardo) optaron por la convocatoria, igual que Katrine, y otros más cambiaron de dueños: Piperno se convirtió en Puro Humo cuando lo compró Daniel Lalín, quien a su vez dejó el local de la punta del Dique 4 en manos de Víctor Blanco, que lo rebautizó La Madeleine. El mismo empresario, además, se hizo cargo de Bice.

Otros, que parecían «blindados», también bajaron la cortina en los últimos tiempos; es el caso del chef Pablo Massey, quien cerró sus dos locales, uno en Las Cañitas y otro en la recova de 9 de Julio y Posadas. Pero sin dudas el cierre que más impactó al empresariado y al mundillo de la política fue el de Harry Cipriani, por cuyas mesas pasaba habitualmente el «tout» Buenos Aires. Ese mismo «tout» que se presenta receloso a mostrarse en público y a salir de sus casas después de que cae la noche en la Ciudad. Es obvio: el miedo no se lleva bien con el negocio de la gastronomía.

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