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En efecto, Kirchner dispusoayer que el 1 de enero próximo los trabajadores públicos y privados recibirán un incremento salarial no remunerativo de $ 100 y que en abril se convertirán en remunerativos los $ 50 que se habían concedido hace dos meses. Si a esto se le agrega que el gobierno también aumentó las asignaciones familiares en 50% y que el salario mínimo fue elevado a $ 450 hace cuatro meses, todo el plan de recomposición de ingresos pactado por la Casa Rosada y el triunvirato que comanda la CGT se cumplió razonablemente. Y los gremios pueden cantar victoria diciendo que pusieron al salario mínimo a $ 55 de distancia con la canasta familiar (ésta cuesta $ 735, mientras que el salario mínimo de una familia tipo sería, por todo concepto, $ 680).
Esta trama de reglamentaciones termina por desnudar la naturaleza política del decreto oficial. Este beneficia a los sindicatos que tienen salarios más depreciados y que están impedidos de realizar medidas de fuerza o de asumir posturas demasiado combativas. Son los empleados de comercio, los empleados públicos o los de sanidad, por ejemplo, a cuyos sindicatos el gobierno les presta su fuerza para conseguir conquistas tal vez imposibles para la sola presión del sindicato.
Para su propio beneficio, Kirchner consigue también descomprimir un fin de año que se había recalentado en el frente sindical con conflictos como el telefónico o el de subterráneos. Por eso la Casa Rosada se empeñó en comunicar rápidamente ayer a su interlocutor más amistoso (José Luis Lingieri) que lo pactado estaba cumpliéndose.
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