A dos semanas de su llegada a Buenos Aires en lo que será su primer viaje al exterior, el canciller brasileño, Celso Lafer, afirmó ayer, después de asumir el cargo, que "cabe a los argentinos decidir cómo van a desatar el nudo de la convertibilidad". Fue un debut ríspido para un Brasil que, de acuerdo a lo manifestado por Fernando Henrique Cardoso, privilegiará las relaciones con la Argentina en el marco del Mercosur. Pero con la declaración de ayer, el flamante canciller eligió el peor camino que existe para iniciar una amistosa relación con la Argentina: criticar la convertibilidad. Sus dichos generaron anoche cierto malestar en la Cancillería argentina, en momentos en que su titular, Adalberto Rodríguez Giavarini, se prepara para reunirse el 5 de febrero con el secretario de Estado de EE.UU., Colin Powell.
"Cabe a los argentinos decidir cómo van a desatar ese nudo" dijo ayer el flamante canciller brasileño Celso Lafer en un reportaje de la paulista «Folha», aludiendo a la convertibilidad y después de haber asumido como jefe de Itamaraty. La primera incursión del flamante funcionario fue en un tema de política económica muy sensible para el frente interno argentino, mientras que al mismo tiempo, confirmó al palacio San Martín que estará en Buenos Aires el próximo 12 de febrero.
La decisión de la cancillería brasileña de realzar las relaciones con la Argentina -será la primera visita al exterior de Lafer-, son coherentes con el discurso de Fernando Henrique Cardoso al poner en funciones a su canciller. El presidente brasileño dijo que «la prioridad número uno de la política exterior brasileña es profundizar la integración del Mercosur». El mandatario subrayó que es necesario para Brasil dar mayor velocidad a ese proceso y afirmó: «Caso contrario nuestros socios dudarán de la disposición de Brasil en compartir soluciones y responsabilidades».
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Importan las definiciones de Cardoso porque persisten en Itamaraty las dudas ante la inconsulta visita, en términos bilaterales, de Adalberto Rodríguez Giavarini a Washington el 5 de febrero próximo, para entrevistarse con Colin Powell ¿Es para tomar algún compromiso como podría ser el involucramiento en el Plan Colombia o se trata simplemente de una foto? En ambos casos la diplomacia brasile-ña se ha fastidiado, aunque los modos en este ambiente se busquen amortiguar.
Para el canciller argentino sería útil conocer a fondo a Lafer, que llega a Itamaraty de una cátedra de Relaciones Internacionales de la Universidad de San Pablo, y es la segunda vez que recala en las relaciones exteriores de Brasil. La primera fue cuando integró aquél «gabinete ético» de Fernando Collor de Mello, cuando éste había entrado en su tobogán de despedida. Prueba de que no quiere improvisaciones en su gestión, va a incorporar a Itamaraty consultoras especializados en negociaciones internacionales. Lafer es un hombre de fortuna, amasada en empresas familiares -es o era director de dos de ellas-, vinculadas al papel, cartón para envases y metales. Su primo, Horacio Lafer Piva, es el presidente de la poderosa unión de industriales de San Pablo (una especie de UIA brasileña local, muy influyente). Su madre vive en uno de los lugares más paquetes de San Pablo -Jardims-, justo al lado de la residencia que ocupa el cónsul argentino en esa ciudad, Guillermo Hunt.
Monotemático con las ideas de Hanna Arendt -como Raúl Alfonsín-, el nuevo canciller brasileño escribió ya en los '70, junto al argentino Félix Peña (que estuvo a cargo del Mercosur en la gestión de Guido Di Tella), la importancia de la asociación comercial de Buenos Aires y Brasilia.
Lafer tiene algunos amigos argentinos como Natalio Botana y el actual embajador en Fran-cia, Carlos Pérez Llana, quien seguramente habrá informado a Rodríguez Giavarini sobre esto el domingo por la noche, mien-tras comían juntos en París. Lo más importante para el canciller argentino y su segundo, Horacio Chighizola, es que Lafer fue negociador en la Organización Mundial del Comercio en Ginebra, en su paso por los organismos internacionales con sede en Suiza. Aseguran que Cardoso lo hace canciller justamente por su experiencia en la OMC. Quien puede ponerlos al tanto sobre las tácticas negociadoras de Lafer -si Rodríguez Giavarini se animara a consul-tarlo-, es Juan Archibaldo Lanús (ex embajador en París de Carlos Menem), a quien le tocó compartir con el brasileño la experiencia ginebrina.
Curiosamente para las prácticas habituales de Itamaraty, Lafer no es de carrera -»no es de la casa», dirían en Buenos Aires-, y para poder manejar esa profesionalizada burocracia confirmó en el cargo de secretario general a Luiz Felipe de Seixas Correa -un fallido candidato a canciller-, primo del antecesor de Lafer, Luiz Felipe Lampreia. El más importante apoyo que acredita el nuevo responsable de las relaciones exteriores de Brasil es Ruth Cardoso, la esposa del presidente. En un reportaje del fin de semana publicado en «O Estado de Sao Paulo», y ayer a horas de haber asumido en «Folha», Lafer desgrana algunas ideas, anticipando cuál será el perfil de su gestión: Asociación de Libre Comercio de las Américas (ALCA): Se manifestó en contra de anticiparla, como se supone que ahora George W. Bush quiere para 2003 en lugar de 2005. Puntualizó que «dado que el poder negociador pasa por el tamaño del mercado, Brasil es un jugador de peso con una economía diversificada. Estoy en contra de alterar el calendario» del ALCA. Además esa negociación propone que se haga con los 34 países en igualdad de condiciones. Relaciones con la Argentina: «Creo que tanto Brasil como la Argentina son igualmente fundamentales una con otra como mercados. A Brasil, la Argentina exporta una cantidad significativa de su producción. Además nos ayuda en ciertas cosas que nosotros no teníamos pensado, como es el caso del componente energético (petróleo)». Luego remató con una frase polémica: Afirmó que la convertibilidad «es un nudo que los argentinos deben desatar». Y dijo que «la economía brasileña, como la argentina, están creciendo. La sociedad de Brasil-Argentina es indispensable. Lo cual no excluye divergencias en la discusión».
Señaló también, aludiendo a las relaciones de Buenos Aires con Washington -»relaciones carnales» dijo el periodista-, que «la Argentina tiene un pasado de política exterior un poco errática, que la lleva a insistir en ciertos aspectos para rectificar el rumbo».