14 de diciembre 2005 - 00:00

La Argentina, lejos de poder imitarlo

La cancelación de la deuda con el FMI es uno de los deseos de Néstor Kirchner. Desde 2002 hasta ahora redujo su endeudamiento con el organismo desde u$s 15.000 millones a casi u$s 10.000 millones, pero todavía queda un largo camino para imitar el paso dado por los brasileños.

La primera restricción que enfrenta el gobierno es legal. El artículo 20 de la Carta Orgánica le pone un límite al financiamiento que el Banco Central puede darle al Tesoro.
Por lo tanto, no sería posible (según la legislación vigente hoy) pagarle con reservas. Por supuesto que si existiera decisión política, sería sencillo cambiar a través de la vía legislativa dicha disposición.

Otra restricción pasa por las reservas acumuladas por el país. Llegan a poco menos de u$s 27.000 millones, pero si se cancelase de una vez la deuda con el FMI, pasarían a menos de u$s 17.000 millones,
contra más de u$s 50.000 millones que tienen los brasileños. La política de acumulación de reservas que está implementando el BCRA aumentaría en alrededor de u$s 9.000 millones el stock para 2006. En ese momento podría replantearse el gobierno la posibilidad de adelantar pagos para cancelar obligaciones con el Fondo.

Otro plan, ya mucho más extremo, pasaría por la desafiliación del organismo. Esta posibilidad fue apenas esgrimida por Roberto Lavagna pocos días antes de su partida del Palacio de Hacienda. Pero parece también de improbable ejecución.
Sobre todo porque obligaría a cancelar deuda con el Banco Mundial (son u$s 7.000 millones) y a complicar la relación con el BID. La ventaja de esta alternativa es financiera: los países que deciden abandonar el FMI tienen cinco años para pagar, a ritmo de 10% de la deuda total por semestre. Esto significa que podrían realizarse pagos de u$s 1.000 millones semestrales entre 2006 y fines de 2010.

Este año viene despejado, con vencimientos por u$s 1.600 millones, siempre y cuando el Fondo acepte la refinanciación por un año de deuda prorrogable (en categoría de «expectation»). Ya para 2007 la situación se complica, con pagos de capital obligatorios por u$s 4.200 millones. En 2008 vencen otros u$s 3.500 millones y en 2009 queda una cifra ínfima para terminar de pagarle al organismo.


La obtención de un acuerdo permitiría refinanciar los futuros vencimientos, en particular de 2007. Pero para ello hay que aceptar las clásicas condicionalidades,algo que el gobierno de Néstor Kirchner viene evitando.

Esta posición argentina de mantenerse alejada del FMI no tiene en el contexto actual la misma lectura que en el caso brasileño. La decisión de Lula tuvo buena recepción en los mercados, ya que fue leída como una muestra de fortaleza.

En cambio, la postura local de postergar la posibilidad de un acuerdo generó que bancos como el JP Morgan redujeran la participación de los bonos argentinos en el portafolio de inversiones latinoamericanas. Una decisión que muestra el clima de incertidumbre.

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