"Era la mejor de las épocas. Era la peor de las épocas." La frase de Dickens es lo que mejor refleja el último año bursátil del siglo XX. El 27 de marzo, las Bolsas del mundo alcanzaban el punto más alto de capitalización de toda su historia, envueltas en la euforia de la nueva economía, y las promesas de un crecimiento sin fin de la mano de Internet.
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Nueve meses después, la realidad marcaba que 2000 fue el peor año de la década. El Promedio Industrial sufría la mayor baja desde 1981, el NASDAQ desplomándose más de 38% marcaba la mayor caída anual de toda su historia con lo que esto significa para la idea de una nueva economía), y en su conjunto las Bolsas del globo perdían más de 14% de su valor. Tenemos que retroceder hasta 1990 para encontrar una baja más grande, cuando en la última recesión norteamericana y arrastradas por Japón la caída fue de 18%. El problema es que hoy esto significa que el mundo es unos u$s 5.000.000.000.000 más pobre y en aquel entonces este valor fue menos de la mitad en dólares constantes.
Si bien el componente norteamericano ha tenido mucho que ver en lo que pasó durante 2000, lo cierto es que el resto del mundo perdió incluso más que la primera economía del globo, retrocediendo cerca de 16 por ciento. En esto tuvo más que ver el derrumbe de los mercados emergentes que retrocedieron 30 por ciento y en particular la baja de 27 por ciento de los asiáticos, que la caída de 11 por ciento de las Bolsas europeas o de 17 por ciento de las latinoamericanas. De las más de 100 Bolsas existentes en el planeta, apenas 8 quedaron en positivo, por razones muy diversas.
En América, Canadá, que apuntaba a ser la estrella de la mano de la suba de los precios de los commodities en la primera mitad del año quedó prácticamente neutra al subir menos de 2%. Si bien en Nueva York hubieron más lágrimas que risas durante el año pasado de todas formas se vieron bolsones de ganancias como la mejora de más de 50% que tuvieron en promedio las acciones de las empresas de servicios, ganadoras indiscutidas gracias a la caída que tuvo la tasa de interés (a pesar de los esfuerzos de Alan Greenspan por subir los Fed Funds, la tasa de los treasuries a 30 años cayó de 6,477% a 5,436%, haciendo de la inversión de renta fija la estrella del año). Entre las latinas de algún predicamento sólo Venezuela quedó en positivo ganando más de 16%, y demostrando que a pesar de la desconfianza que generó en muchos el presidente Hugo Chávez, el dinero se mueve por razones que el corazón no conoce. México, la gran promesa hasta marzo, donde las apuestas estaban al resurgir de la democracia pluripartidaria, quedó entre las últimas al desandar 22%, superada en eso de retroceder por la Argentina (con sus propios problemas), un Perú cuyo futuro político (y financiero) sigue incierto y una Colombia que se desplomó 40% siendo a la vista de muchos un país partido en dos por la guerrilla. Hasta Brasil, la otra gran esperanza de la región fue castigada con una merma de 18% en el Bovespa, según dicen los locales, por los problemas de la vecina Argentina, y según se dice en el exterior, por las dudas que genera un mercado que 4 años atrás operaba u$s 2.000 por día y últimamente apenas araña los u$s 200 millones.
Incluso Chile, otrora el ejemplo latinoamericano quedó más de 11% abajo, de la mano de la caída de su moneda y del valor local de sus acciones.
En Europa las cosas resultaron mucho más acotadas que en el resto del globo, aunque se diferenció claramente el resultado positivo de muchas Bolsas que permanecieron fuera de la eurozona, especialmente Suiza y Dinamarca que terminaron en positivo. Entre las grandes, lo mejor se vivió en Francia perdiendo 8%, mientras que entre las chicas Ucrania ganando 33% fue la estrella del Viejo Continente. En un sentido opuesto, Grecia y Turquía perdiendo 45% merced a la crisis de este último país, liderando las bajas, al tiempo que Madrid retrocediendo 28% (castigada por lo que se define como una expansión exagerada de Telefónica y los bancos) fue lo peor entre las bolsas intermedias. Londres desandando 17%, sin dudas influida por su vinculación con los EE.UU. fue la más grande de las estrelladas.
En Asia fue donde las cosas anduvieron peor. Corea perdiendo más de 55%, en una economía que no encuentra su rumbo, seguida de cerca de 54% de Indonesia, donde el malestar político está creciendo. Pero todo esto se opaca ante el derrumbe de casi 35% del Nikkei, aún hoy la cuarta Bolsa más grande del globo. Curiosamente, demostrando que aún una economía cerrada puede ser buena para lo bursátil, las acciones de China fueron las que más ganaron en todo el planeta durante este año, en parte porque sin dudas este país/ continente es visto como la gran promesa del siglo XXI y en parte por el propio espíritu jugador de los mismos chinos que hicieron subir las acciones clase B (para extranjeros) de la Bolsa de Shanghai más de 130 por ciento.
Más allá de los números, 2000 fue el año de los grandes acuerdos «que no pudieron ser entre Bolsas, desde el Eurex a la fusión entre la Bolsa alemana y Londres. 2000.