Pasa bastante inadvertido que se va filtrando la estatización, con lo cual el país disminuye en eficiencia y competitividad (acabamos de bajar mundialmente, como país, 14 puestos, del 64° al 78°, y es lógico). La empresa LAFSA (ex LAPA y LADE) se sustenta en aviones que presta Eduardo Eurnekian y el Estado paga los sueldos. Algo similar pasa con la empresa capitalina Brukman, que fue expropiada por ley porteña. Igualmente Grisinópolis (fábrica de grisines), una impresora de libros de arte y otra empresa de utensilios para restoranes, convertidas en «cooperativas» fomentadas por el Estado.
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También sucede en el interior (en Tierra del Fuego, por ejemplo). Se calculan en 300 las «empresas recuperadas» en todo el país, que ocupan a unas 12.000 personas y cobran un respetable sueldo promedio de $ 1.200 mensuales. • Mérito
Además el gobierno quiere declarar a los empleados «actores privilegiados» en las quiebras al efecto de la continuidad y el ombudsman nacional, Eduardo Mondino, propuso ayer una reforma legal destinada a facilitar la participación de los trabajadores en los procesos de remate y recuperación de fábricas.
Ciertamente, es difícil explicar por qué a la larga no es negocio para los afectados ni para el país forzar la continuidad de empresas que la actividad privada ya descartó por razones de rentabilidad, obsolescencia de equipos, exceso de competencia en su sector, etcétera.
Estatizar o «cooperativizar» entre empleados empresas fuera de mercado tiene un mérito: mantiene la cultura del trabajo entre la gente involucrada dado que, de no continuar, tendría que ser subsidiado personal con planes Jefas y Jefes y sería explotada por los caciques piqueteros para engrosar sus «automilicias» de calle.
También «cooperativizar» baja el costo de producción y hace más competitiva la empresa que cuando era privada. Sin embargo, las «recuperadas» tienen más motivos en contra que a favor. Sobre todo la experiencia. Cuando el cooperativismo no es forzado suele andar bien (por ejemplo, quienes se unen para comprar insumos más baratos como mayoristas, productores agropecuarios pequeños y otros). Si el traspaso al personal es sólo una alternativa al cierre, es escasa su posibilidad de sobrevivencia, sobre todo si el dueño original cayó en quiebra por la actuación de otros competidores del mercado. También suele conspirar contra la «cooperativización forzada» la anarquía que suele terminar imperando en la conducción. Famosas empresas «salvadas» así en el pasado, como COGTAL, Siam Di Tella, Frigorífico Martín Fierro y muchas más no subsistieron en el tiempo y fueron muy costosas, porque se empieza por no pagar a los acreedores originales de la empresa, después no se pagan los aportes previsionales de los propios compañeros, tampoco se paga a la AFIP, ni se devuelven créditos bancarios pendientes. La razón es que es la única forma de «salvar las fuentes de trabajo». Si el costo que significa una «cooperativización forzada» se destina en forma de crédito de fomento a iniciativas privadas, da muchos más puestos de trabajo que el salvataje de esas empresas «recuperadas».
• Inversiones
Pero es difícil explicar esto frente al grupo que quiere la continuidad de su trabajo aunque el futuro esté agotado para esa empresa. El pan de un comedor de la UBA fue entregado a un grupo piquetero. Correcto, porque trabajan 8 o 10 personas que antes eran desocupadas. Pero genera el mismo número de desocupados en las panaderías que abastecían el producto con mayor costo porque pagan aportes previsionales e impuestos.
Lo que salvará al país, lo que hará bajar el desempleo y dar trabajo a la misma gente de empresas quebradas -que tienen el importante capital de su propia especialización- es que aparezcan inversiones de aquí, o del exterior, pero privadas, que amplíen el producto total del país. Así crecen las naciones, no estatizando.
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