Nos hemos tomado el trabajo, arduo por cierto, de recopilar 54 problemas serios de este gobierno de Eduardo Duhalde, más los que había agregado la gestión De la Rúa y los que venían de la recesión en su final de Carlos Menem, que pesarán sobre el presidente que asuma el 25 de mayo próximo. Y no creemos haber agotado la lista, aunque en sí sea la más grande que se haya estructurado y difundido hasta ahora. El drama de fondo es que un gobierno de transición, que debió haber enfrentado algunos de estos 54 problemas, deliberadamente los fue traspasando al próximo electo. No se quiso asumir ningún costo político para resguardarse si vuelven al llano. En esa mezquindad está la grave situación en la que deberá actuar el próximo mandatario al día siguiente de ponerse la banda presidencial. Eso sobre los que se van. Sobre los que vienen, se ve con preocupación que actúen de modo bastante «light» sobre la herencia que les tocará. Se mueven los candidatos -y los que los rodean para ocupar cargos- sin mucha meditación sobre la realidad que les tocará vivir si llegan a presidir el país. Les importa su realización política personal, como si fuera una elección presidencial más. Y a quienes los rodean con aspiraciones, la figuración sin medir su capacidad para determinados cargos que ambicionan. No todos pero muchos ni conocen la realidad penosa contenida en estos 54 puntos. Con esta tercera nota, este diario sigue el esfuerzo de mostrar esa realidad que, si no es conocida y asumida en función de las capacidades que se tengan para ayudar a superarla, significará para la Argentina vivir más días aciagos, como hasta ahora. O peores.
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