La versión casi oficial es que los atentados en Arabia Saudita dispararon el temor y la incertidumbre entre los inversores y que esto derivó en una baja accionaria. Es posible. Sin embargo hay otra versión. Aunque la noticia se conocía antes del amanecer, de las 8 de la mañana a las 9.30, cuando termina el premarcado, los futuros sobre índices prácticamente se mantuvieron estables con una pérdida cercana a 0,7%. Curiosamente más que las explosiones, los comentarios de los inversores se centraban a esa altura en los malos números de Wal Mart y en la bajada de pulgar que le hicieran los analistas de Merrill Lynch (los más pesimistas o los más realistas según se quiera ver las cosas) a varios fabricantes de semiconductores. A pesar de la merma, muchos esperaban que a medida que pasaran las horas el malhumor se fuera disipando, como ha venido sucediendo últimamente cuando el mercado arranca «abajo». Para la una de la tarde el S&P 500 y el NASDAQ pasaban del lado ganador y el Dow prácticamente quedaba neutro, más o menos en línea con lo esperado. Lo curioso es que a diferencia de otras veces, esto no duró demasiado y 30 minutos más tarde los tres grandes índices pasaban del lado perdedor, para no volver a recuperarse. Si bien el volumen negociado registró una ligera recuperación, más que reflejar la afluencia de nuevos interesados quedó la sensación de que la racha alcista se vinculó con la actividad de quienes entraron a cubrir posiciones (de venta) en descubierto cuando se vio que la recuperación «tenía patitas cortas». Cuando sonaba la campana en el NYSE, el Dow cedía 0,54%, quedando en 8.649,25 puntos, en tanto el S&P caía 0,3%, mientras el NASDAQ finalizaba 0,11 por ciento abajo. Todo muy local.
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