Con 0,19% que perdieron ayer las blue chips, al cerrar el promedio industrial en 9.737,79 puntos, ya suman tres las sesiones consecutivas en que el mercado termina del lado perdedor. Tal vez podríamos preocuparnos por esto, especialmente si tenemos en cuenta que de manera casi unánime las noticias que se conocieron en estos días fueron positivas (al menos positivas para lo que podemos llamar una visión alcista del mercado), pero curiosamente y en contra de lo que muchos suponían, el volumen negociado ayer fue relativamente elevado, con más de 1.160 millones de papeles negociados en el mercado tradicional y 1.600 en el electrónico. Esto no significa que seamos optimistas -la verdad es que no somos ni optimistas, ni pesimistas, ni ninguna de las dos cosas-, sino que por algún motivo se realizaron más operaciones de lo habitual (cuando el mercado de bonos permanece cerrado, no es raro que el volumen del NYSE caiga muy por debajo de los 1.000 millones de papeles). Para entender el nuevo escenario en que nos movemos, hay que aceptar que el foco de las preocupaciones parece haberse trasladado desde la macro a los balances, y de ahí a lo que la mayor parte de los analistas ve como una inminente reducción de la impresionante liquidez imperante, a más tardar a partir de mediados del año que viene. Dicho de una manera más llana, "que a pesar de todo lo que dicen él y sus adláteres, Greenspan va a subir las tasas a partir de junio". Claro que una cosa es lo que dicen los analistas e inversores y otra lo que hacen con su dinero y con el ajeno. Si bien hay quien definió la sesión de ayer como intrascendente, no hay que olvidar que hubiera sido tanto o más fácil terminar del lado ganador. Si esto no ocurrió es porque los inversores pensaron de otra manera.
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